QUEDÓ un regusto amargo porque el Cádiz lo intentó, sobre todo en los últimos minutos, pero no tuvo suficientes recursos para ganar al Elche. Se perdió una oportunidad de conseguir el campeonato de invierno el día de la Inmaculada en Carranza, y también de abrir más brecha con el segundo  y otros rivales directos. Puede que parezcan objetivos muy ambiciosos, si se analizan las plantillas de la Liga Smartbank, y  eso también hay que decirlo. Pero cuando tenían 10 puntos de ventaja al segundo era natural soñar con el ascenso directo. Todavía es posible.

EN condicione normales (sin tantas bajas y con otro árbitro), el Cádiz no hubiera perdido en Fuenlabrada. Fastidia perder ante un equipo que no fue superior, incluso jugando más de dos tercios del partido en superioridad numérica. El Cádiz ha entrado en un momento difícil, por las lesiones. Ya no sólo han caído futbolistas titulares del plan A, sino suplentes del plan B, por lo que juegan elementos del plan C, como Rhyner y Quezada, que no están adaptados, y cometen errores en jugadas puntuales que resultan decisivos. El Cádiz tiene un sistema que necesita a jugadores a tope. Más aún si se tropieza con un árbitro casero como Ais Reig, que administró las tarjetas amarillas a su manera.

FUE la noche triunfal de Iza Carcelén, un lateral que estuvo omnipresente y marcó dos goles para remontar el partido. Pero sobre todo fue un partido en el que el Cádiz dejó razones para el optimismo. Llegaba con siete bajas, y con la sensación de que podía acusar los esfuerzos. Supieron sobreponerse a la adversidad de un gol tonto. Y quedó la impresión de que los suplentes pueden aportar. El Cádiz fue netamente superior al Lugo. Con un poco más de suerte y puntería hubiera ganado con claridad.

EL empate del Cádiz supo a poco. Sobre todo por el conformismo de los últimos minutos. Había sido una mala noche, con un marcador en contra pronto y dos lesiones que condicionaron los cambios. No obstante, en los últimos minutos, el Tenerife estaba cansado y bastante nervioso. Sin embargo, no hubo capacidad para crear peligro arriba y estuvieron pendientes de no perder. Faltó el golpe de autoridad del líder para poner tierra de por medio y ampliar la ventaja con el Fuenlabrada de Mere, que había ganado al Huesca. Era una jornada para escaparse.

FUE una noche ajetreada para el líder, que salió de Vallecas con una conclusión: hay que buscar el ascenso directo, sin conformismos. Consiguió un punto, se le escaparon dos y hasta pudo perder el otro. Pero, en los últimos minutos, tras la pájara que originó el gol del empate rayista, tuvieron opciones de ganar. Hubiera sido una victoria de prestigio, que se escapó por poco. En realidad, sólo por pequeños detalles, como el gol de José Mari anulado por el VAR, que inicialmente había concedido el árbitro Iglesias Villanueva. El fondo de armario de la plantilla también salió con buena nota del duelo frente al Rayo.