EN menos de un siglo que tiene la tradición del Pregón de la Semana Santa ha pasado por varios escenarios. Todavía hay nostálgicos del Teatro Lope de Vega, e incluso del Teatro San Fernando. Pero la verdad es que el Pregón no ha arraigado tampoco en el Teatro de la Maestranza, hasta el punto de que se organiza allí por lo mismo de escenarios anteriores: por buscar la mayor capacidad. Con el requisito añadido de que no resulte chocante por su ubicación o aspecto. Y conste que, cuando se cambió, fue criticado el Maestranza, faltaría más. Teatro frío, ajeno al barroquismo de lo que allí se narra, más apropiado para un Barbero de Sevilla o una bienal flamenca.

ENTRE  las diversas efemérides cofradieras que se conmemoran este año, no sólo las celebran hermandades. También se incluye el Centenario del taller de bordados de Caro. Merece ser destacado. Cuatro generaciones de una familia han trabajado desde que José y Victoria Caro lo fundaron en 1917. En esa familia creció Esperanza Elena Caro, una bordadora genial, única, posiblemente la mejor del siglo XX. Tras el periodo de José Manuel Elena al frente del taller (cuando afrontó los tiempos difíciles de la Transición de los artesanos), todavía sigue vivo. Ahora con Carlota Elena Meléndez, que representa a la cuarta generación familiar.

TODOS los años en Cuaresma, según manda la tradición, dedico un artículo a los horarios e itinerarios. Todos los años escribo más o menos lo mismo, excepto cuando iontentan que el Gran Poder regrese por la calle Francos, con el consiguiente peligro. Este año hay que insistir. Estuve en el programa de El llamador, de Canal Sur Radio, con Fran López de Paz, para otro asunto, y se lo comenté: “Si a la madrugada le dan un cuarto de hora más, por delante, no servirá de nada, porque se lo van a comer”. Al final, el palio de Los Gitanos siempre sale de la Catedral a las tantas y pico. ¿Saben por qué? Porque una hora tiene 60 minutos.

EN los tiempos de las viejas cofradías (por decirlo con lenguaje político), predominaba la teoría evangélica de que la mano izquierda no debía saber lo que hacía la derecha; o al revés, si eras zurdo. La transparencia no estaba de moda. Las cuentas sólo se presentaban en los cabildos para conocimiento de los hermanos. Tampoco se publicaba información detallada de los recursos que las hermandades destinaban a sus bolsas de caridad. Quizá fue el Gran Poder una de las pioneras en aportar datos, coincidiendo con un sustancial incremento de fondos para ese fin.

PARA conseguir que el Via Crucis general de las hermandades de Sevilla aumente la participación hay varias fórmulas. Una sería que saliera el Señor del Gran Poder todos los años. Otra sería que volvieran a elegir entre las 10 ó 12 imágenes con más devoción y arraigo, que todo el mundo sabe las que son, y que no voy a enumerar para evitar suspicacias. Aunque, evidentemente, la medida más contundente y eficaz sería imposible e indeseable: prohibir todos los vía crucis externos con imágenes, excepto el del primer lunes de Cuaresma.