UN ejemplo de que el turismo no funciona mejor en Cádiz por culpa de las autoridades es el Campo de las Balas. A día de hoy, sigue convertido en un aparcamiento de superficie, un uso chirriante para uno de los paisajes más singulares de la ciudad. Su historia es un ejemplo de la falta de proyectos en Cádiz, y de cómo el actual Ayuntamiento se ha encargado de malograr gestiones que eran de sentido común. Van improvisando, sin saber qué hacer. En el Campo de las Balas lo único que tiene sentido es un hotel, como estaba previsto. Aunque el Parador Atlántico renunció a la ampliación de sus instalaciones, quedaba la opción de encontrar otra alternativa que no ha cuajado.
EL español ya no es lo que era. Hay que ver lo que se ha formado porque la película Roma, de Alfonso Cuarón, ganadora del León de Oro en Venecia y de dos Globos de Oro, ha sido subtitulada al español. Hay diálogos en mixteco, que no los entendían nada más que los indígenas supervivientes de la masacre colonial de Hernán Cortés (ese conquistador, que se llamaba igual que el pintor gaditano); pero es que en Netflix y en algún cine de Madrid, capital de las Españas, habían traducido todo, incluso “el español de México”. Y, claro, han puesto el grito en el cielo, con razón. Porque estos mexicanos antes eran unos hijos de la Madre Patria en su versión de manitos, pero ahora son unos migrantes y puede que los expulsen, y para colmo no se les entiende en su jerga.
HA sido un pelotazo. Eso sí que es un pelotazo. The New York Times ha hecho mucho más por Cádiz que los paseos de las fuerzas vivas gaditanas a Fitur. Al incluir a Cádiz (capital & provincia) entre los 52 destinos recomendados para 2019 no es que la ponga en el mapa, donde ya estaba desde los tiempos fenicios, sino que ilumina a los americanos para que vengan. Lo aviso: hay yanquis más allá de Rota. Y da la casualidad de que son los turistas más ricos del mundo. Además The New York Times es el periódico con más lectores en el Upper West Side, que es donde habita el pijerío demócrata de los Clinton. En NY se puede ser progre y rico.
LAS paridas de Vox tienen un matiz especial en Cádiz. De un lado, esta es una tierra receptiva con lo esperpéntico, familiarizada con lo humorístico y adaptada a personajes satíricos que triunfan en el Carnaval. Se tiende a confundir algunos plenos municipales con las parodias de un cuarteto. Y ya se ha visto que hay unos cinco mil gaditanos que igual pueden votar a Teófila Martínez que a José María González, más conocido como Kichi, y no volverse locos. Era posible pasar del PP a Podemos y puede que también al revés. Por lo que a pesar de la pretendida superioridad moral de la izquierda gaditana, en general han perdido unas cuantas elecciones. Y, visto lo visto, Vox podría hincar el diente, en plan vampirito de Bienvenido, como ya hizo el otro menda lerenda.
ENTRE los okupas de Barcelona y el alcalde de Cádiz, hay que defender al regidor de todos los gaditanos. Entre la anarquía y la legalidad vigente, defendemos lo que es justo y necesario. Nadie olvida que el intento de frenar un desahucio fue su primera acción de gobierno. Pero no es un prevaricador. Para poner reparos, ya está la Intervención municipal, que sólo ha emitido 93 informes por posibles irregularidades durante el año pasado, con un montante de 13,5 millones de euros (por un poco menos se puede comprar el hotel del estadio); y en el caso de Barcelona se ha comportado como un valiente. A sabiendas de que dirían lo que están diciendo.