EN su intento por desguazar al PSOE en Madrid, Pedro Sánchez ha sugerido el traslado de algunas instituciones a otras ciudades españolas. Aunque lo ha matizado, sonó como la deslocalización de empresas en Cataluña, después del referéndum independentista de 2017, pero en este caso no con empresas privadas, sino con instituciones públicas, y sin ningún motivo, excepto que Isabel Díaz Ayuso les dio un sopapo en las últimas elecciones autonómicas. Nada fastidiaría más a los madrileños que ese tipo de maniobras tan burdas. Visto desde Andalucía, recuerda lo que ocurrió con Sevilla en los albores autonómicos. Aquellos intentos por repartir las consejerías, y trasladar el turismo a Málaga, etcétera.

ERA la guinda que le faltaba al pastel de la nueva normalidad. Vuelven los pregones en Sevilla. Comenzó el martes con Carlos Herrera, en una efeméride especial: el Pregón del Centenario de la Candelaria. Pero hay dos (los oficiales, el de la Semana Santa y el de las Glorias) que tienen crianza. A Julio Cuesta todavía no le ha llegado su turno, que lleva casi dos años esperando. Sin embargo, Rosa García Perea por fin podrá desvelar su pregón mañana en la Catedral. Pregón de las Glorias, que con tanto interés se espera, por ella y por lo que se ha esperado. Vuelven los pregones, que tienen su literatura y su leyenda, su prosapia y sus rencores. Porque en Sevilla los pregoneros son amados y odiados, según, y se les trata entre el peloteo y la envidia.

VIENDO la relación de horarios e itinerarios que recorrerá el Señor del Gran Poder en andas se llega a una conclusión: no es sólo una Misión por los llamados Tres Barrios (Los Pajaritos, La Candelaria y Amate), sino por media Sevilla. Viendo la relación del horario e itinerario que recorrerá el Señor del Gran Poder en su paso procesional se llega a otra conclusión: no es un regreso de la Catedral por el camino más corto, sino una procesión triunfal con todos sus avíos y un amplio deleite por su barrio de San Lorenzo, con estación en la Casa Sacerdotal y en San Antonio de Padua. Algunos capillitas de colmillo retorcío ya están largando: “Después que no digan que les obligan a dar un rodeo por el Arco del Postigo y la plaza del Museo en la Madrugada”. Hay gente para todo, hasta para quejarse porque saldrá el Gran Poder, como si no fuera una de las maravillas de Sevilla.

TRAS la muerte de Aquilino Duque se han publicado muchos y buenos artículos glosando su obra literaria. También se ha destacado su personalidad como intelectual, siempre libre, y políticamente incorrecto, muy incorrecto. Como suele pasar con los escritores que fallecen, abundan los elogios que les regatearon en vida, y se notan más los silencios. Se consagra un tópico del difunto, que pasará a la posteridad encasillado con dos o tres etiquetas. Por ejemplo, Aquilino se queda como poeta, aunque no sólo era eso, sino también novelista, ensayista y articulista. Y se destaca su erudición cultural, o su cosmopolitismo… Su ideología se oculta, o se disculpa, y se recuerda su amistad con Rafael Alberti y otros escritores de izquierda. Puede que eso hasta le hiciera gracia a Aquilino Duque. Fue el autor de su propio personaje, del Aquilino Duque conocido, con todos los ingredientes para ser considerado en el futuro como un maldito de su tiempo.

PARA volver a la nueva normalidad, el comité de expertos de la Junta de Andalucía ha recomendado que las primeras procesiones sean descafeinadas. ¿De máquina o de sobre? Eso lo dejan al gusto de cada cual. No precisan si las imágenes deben ser llevadas en andas, en pasos o en tronos, ni la forma de cargarlos o portarlos, que en determinados lugares de Andalucía es de por sí polémica. Se trata de que haya procesiones, pero sin que se note demasiado, sin bullas, y sin dar la nota musical. En Sevilla y gran parte de Andalucía no se concibe que vuelva la normalidad hasta que no salga una procesión. No obstante, el Ayuntamiento de Sevilla ha corregido este asunto, para establecer que aquí las procesiones de gloria serán de gloria bendita, con todos sus avíos, sus costaleros y su música. Entonces la duda es: ¿descafeinadas o no?