LA mala suerte ha entrado en la política. El presidente de la comisión que investiga el accidente ferroviario de Adamuz, Ignacio Barrón, dijo que fue un “accidente fortuito, con una carga enorme de mala suerte”. Y tenía un fondo de razón. Si uno de los trenes hubiera pasado por el lugar cinco minutos antes, o después, no hubiera ocurrido esa gran desgracia. Una “carga enorme de mala suerte” se suele dar en los accidentes y en otras cuestiones de la vida. Pero este mismo señor criticó la gestión de Renfe y Adif, y dijo que en la red ferroviaria española hay un problema y no se ha invertido bien el dinero. ¿Entonces? ¿Es sólo mala suerte? ¿Si te quedas dormido conduciendo, y te estrellas con tu automóvil, es mala suerte? ¿O es que no te deberías dormir? La vía de Adamuz podía estar en mejores condiciones.

AL final, la gente preguntaba: ¿Y quién ha sido el ganador? Respuesta: Hubo dos. El Sevilla FC, que ganó a la Real Sociedad con un gol de Alexis, y salió de los puestos de descenso a Segunda. Y la UD Almería, que ganó al Mirandés por 4-2, y se colocó en puesto de ascenso directo a Primera. Todo sucedió a la misma hora. Pero conste que todavía esto no se ha acabado, y que el éxito o el fracaso se pueden decidir por pequeños detalles. Hace falta máxima concentración, y no cometer errores estúpidos en el alargue para regalar puntos a los rivales y ponerte tu mismo la soga en el cuello. Es una mala tentación programar un debate de candidatos y dos partidos de fútbol decisivos un lunes a la misma hora.

SE celebra mañana la Fiesta del Trabajo. O como se denomine ahora. Esta celebración ha tenido una evolución palpable en el último siglo. En los tiempos de Franco era el día de San José Artesano. Después, cuando llegó el color y la democracia, el 1 de mayo era la gran fiesta de los sindicatos. CCOO y UGT capitalizaban las manifestaciones y los sindicatos extremistas se desmarcaban y salían con algunas decenas de personas. Ahora en Sevilla la gente suele aprovechar el 1 de mayo para ir a la playa.

SER turista en Sevilla no es una maravilla. El turista en Sevilla tiene mala fama. El turista no tiene quien le escriba elogiosamente, ni nadie lo califica como un enamorado de Sevilla que viene a ver la ciudad con los ojos de Romeo debajo del balcón de Julieta. El turista en Sevilla se dice que sobra, que sólo sirve para estorbar en Semana Santa en las bullas, para merodear sin rumbo coherente por la Feria, para comprar entradas de los toros en la reventa, y para dar por saco el resto del año. El turista en Sevilla parece que no contribuye a elevar el PIB de la ciudad. Y, para colmo, se le menosprecia, y se le considera un turista de chanclas y bermudas, que intenta entrar en la Catedral como si estuviera en el paseo marítimo de Torremolinos. Y que es un muerto de hambre, que viaja a Sevilla con pocos euros. El turista no es una prioridad nacional, ni llega en pateras o cayucos.

HA favorecido el calendario, por esas curiosidades que regala con los ciclos lunares, que este año el Día del Libro coincida con el jueves de Feria. A ningún librero se le ha ocurrido montar casetas con libros en el Real de Los Remedios, para que el público los compre y los lea, entre rebujitos y sevillanas. Un jueves de Feria la gente no concibe que las casetas puedan servir para comprar libros. Porque esa Feria no es como la del Libro, que aquí no se celebra en abril, ni siquiera ya en mayo, sino que la pasaron al otoño, para que llueva más. En Sevilla, el Día del Libro no es como en Barcelona, donde los independentistas han propuesto que sean quemados los libros de Eduardo Mendoza.