SIEMPRE que publican los datos del Instituto Nacional de Estadística, nuestros políticos y políticas quedan en evidencia. Otra vez aparece el mismo titular: “Sevilla tiene los barrios más pobres de España”. En los datos oficiales de después de la pandemia, vuelve a ocurrir. El Polígono Sur y Los Pajaritos son los barrios más pobres de España. Además, Torreblanca aparece como el cuarto más pobre en el ranking. Y también están Las Letanías-La Oliva (10), Palmete (12) y el Polígono Norte (13). Hay que puntualizar que estas estadísticas empiezan a ser discutidas y son discutibles (sin dudar de su fondo de razón), y que no se refieren a toda España, sino sólo a las ciudades con más de 250.000 habitantes. Por lo que pudieran existir otros barrios más paupérrimos en ciudades pequeñas. Aunque eso sería un consuelo de tontos.

EXISTE una historia de Sevilla, pero también una historia de los sevillanos. Parece lo mismo y no lo es. La historia de las personas es más difícil de contar, porque con frecuencia no le damos la repercusión merecida. Por eso, es importante que estos días sean noticia Paco Correal y Jesús Martín Cartaya. Paquiño, con sus crónicas, y Jesús, con sus fotos, pasarán a la historia de Sevilla por haber sabido reflejar la vida y las obras de miles de sevillanos, no sólo de las personalidades y famosos, también de seres anónimos que protagonizan el día a día. Sin ellos, gran parte de lo ocurrido durante los últimos años se hubiera olvidado.

CUANDO termina la Feria pasa igual que cuando llega la Resurrección. Resucitan las polémicas, es la hora del balance. En la Feria se suele insistir en la conveniencia (o no) de trasladarla a otro sitio y cambiar las fechas. La cambiaron porque había muchos partidarios de organizarla de sábado a sábado. Ahora, cuando la han cambiado, a la gente le ha dado por decir que es mejor celebrarla como antes, de lunes a domingo, en vez de ponerla de sábado a sábado. Si el Ayuntamiento tuviera la tentación de rectificar para que sea de lunes a domingo (a pesar de que Antonio Muñoz no es partidario), la gente diría que era mejor de sábado a sábado. Se quiere lo que no se tiene, dicen los psicólogos, porque la felicidad es efímera, llega y pasa. Pero el mayor peligro de la Feria estuvo en los políticos.

A la gente le gusta quejarse y protestar. Esto no lo han inventado los sindicatos de clase ni el sindicato de Vox, sino que lo aprenden los bebés desde que nacen. “El que no llora, no mama”, advierte el rico refranero español. Con la Feria de Sevilla pasa lo mismo. En 2023 cumplirá medio siglo desde el traslado al real de Los Remedios. Pero lo curioso es que los vecinos de Los Remedios llevan medio siglo quejándose por el traslado de la Feria y en 2023 lo quieren celebrar. Precisamente, cuando la gente se queja por las bullas de este año, y los partidarios de cambios insinúan que se debería mudar otra vez, al Charco de la Pava, o a meterse en otro charco, donde sea.

LA muerte de Carlos Amigo Vallejo, a los 87 años, nos parece prematura. Aún tenía mucho que decir y que hacer en Sevilla, a la que mantenía en el corazón. Esta archidiócesis tiene un arzobispo, José Ángel Saiz, y tenía dos eméritos, Carlos Amigo y Juan José Asenjo, que formaban un singular triunvirato espiritual. De sensibilidades bien diferentes, el magisterio religioso de monseñor Amigo ha calado y dejado huella. Fue un arzobispo que colmó una etapa trascendental para la Iglesia de Sevilla. Estuvo al frente desde 1982 a 2009. Llegó poco antes del triunfo de Felipe González y se fue todavía con José Luis Rodríguez Zapatero. Por medio estuvieron los ocho años de José María Aznar. En la Junta sólo conoció a presidentes socialistas. Y convivió con alcaldes del PSOE, PSA y PP.