EL pasado lunes ocurrió un fenómeno infrecuente en Sevilla: dedicaron dos calles a fotógrafos. En la barriada del Carmen, allá por el Tardón, el alcalde, Juan Espadas, se dedicó a lo suyo institucional propiamente dicho, y presidió la inauguración de las nuevas calles dedicadas a los Serrano y a Jesús Martín Cartaya. Aunque ahora se ha puesto de moda llamarlos fotoperiodistas, en la rotulación se ha tenido el buen gusto de nombrarlos como es debido: Fotógrafos Serrano y Fotógrafo Martín Cartaya. Fotógrafos… O sea, personas que se dedican al arte de hacer fotografías. Durante un tiempo fueron considerados algo así como periodistas menores (por decirlo suave), y por eso se utilizó lo de fotoperiodistas. Pero ellos han sido fotógrafos, por encima de todo, y hay que dignificarlo, reconocerlo y darles la importancia que se merecen.

LAS primarias del PSOE de Andalucía avanzan viento en popa a toda vela. Con algo debían distraer a la gente, después del ridículo de Ángel Gabilondo y su tutor Pedro Sánchez en Madrid, y después de las ferias y fiestas que ha montado la alegre chavalería para celebrar el fin del estado de alarma. No es lo mismo que el fin de la pandemia, como han recordado algunas voces de los que cuentan camas de UCI. Para distraer nada como lanzar a Juan Espadas contra Susana Díaz, en la romería del día de San Antonio, el 13 de junio, cuando han convocado las primarias. Y con dos espontáneos que han saltado al ruedo, Luis Ángel Hierro y Manuel Pérez, para animar más el cotarro. Hierro se reivindica como un sanchista viejo; no es un converso como Juan Espadas, al que antaño se suponía susanista, y no mostraba síntomas asimilables al sanchismo viejo, que aquí era el de Gómez de Celis y Toscano el nazareno.

SE suele decir que Sevilla siempre está con el bando ganador. Esto ya se contaba en 1936, cuando la guerra civil, con Queipo de Llano al aparato, incluso puede que antes. No vamos a recordar las desgracias de Sevilla la Roja, ni las diferencias con Madrid, donde aquella guerra duró casi tres años, y no duró menos de tres días, sino que ahora al PSOE sevillano se le presenta un dilema serio. A Juan Espadas se le habrá quedado la cara de circunstancias. Porque ahora en la calle Ferraz huele fatal, huele a lo mismo que olía en las postrimerías de Zapatero, quizás huela a lo que creyó oler Verónica, cuando entró allí a dar la media verónica, y supuso que daba la puntilla, como enviada especial de Susana Díaz. Estas elecciones de Madrid no son extrapolables, pero han pasado cosas tremendas. En realidad, lo que ha pasado es que el pueblo ha hablado y ha dicho que están hartos. Huele, en resumen, a cambio de ciclo.

SI el poeta Manuel Machado volviera a escribir su poema de Andalucía, y lo aplicara a la situación municipal (lo que de por sí resultaría prosaico), quizá lo terminara a verso cambiado: “¿Y Sevilla?”. Pues Sevilla, que en sí misma se insinúa como omnicomprensiva en ese poema, parece que ya no le importa al PSOE y al PP, los partidos mayoritarios que la han gobernado en el siglo XXI. Se dejan llevar por sus intereses partidistas, por recolocar a militantes que han utilizado el Ayuntamiento de la capital andaluza como trampolín para nuevos logros, o que van a ser relevados para promocionar a otros. Y lo más curioso es que esta crisis de credibilidad llega cuando se ha cumplido menos de la mitad del mandato municipal. Faltan más de dos años para las elecciones de la Casa Grande, que se convocarán en mayo de 2023.

ESTA Feria de la No-Feria no puede ser y, además, era imposible, y no la ha organizado nadie, ni se sabe por qué han aparecido esas decoraciones, ni por qué iban a convertir el Museo Bellver en la caseta Fabiola. Y es verdad que en los alrededores de la plaza del Salvador había varias tiendas de vestidos de flamenca, a las que el Covid 19 les ha dado la puntilla, como a tantos negocios locales, por lo que es un detalle de caridad cristiana montarles unos puestos en la Plaza Nueva. Y hasta se puede entender que en algunas bodeguitas, donde es posible beber manzanilla todo el año, pongan estos días farolillos para que ellas se quiten la mascarilla vestidas de flamenca.