LA rivalidad es el motor histórico de la afición sevillana al fútbol. El próximo domingo se enfrentarán el Sevilla FC y el Real Betis Balompié en el estadio Sánchez Pizjuán. Ambos clubes tienen aspiraciones, que ya no se limitan a quedar por encima del eterno rival en la clasificación final de La Liga, pero ese detalle condiciona el prestigio deportivo de la temporada. Serán recordados los dos resultados. Se da la circunstancia de que al derbi del domingo llegan con cinco puntos de diferencia para los béticos, que han empezado mejor. Aunque ninguno ganó en la última jornada.
TODAVÍA se menciona en los almanaques y otros lugares de citas la frase del cubano decimonónico José Martí, que recomendó: “Hay tres cosas que toda persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”. El orden se supone que es al gusto de cada cual. El pasado miércoles me refería a escribir un libro, que antes parecía algo propio de intelectuales, pero que en el siglo XXI está al alcance no sólo del rey emérito Juan Carlos, sino de Pedro Sánchez o Juanma Moreno. Hoy me refiero a plantar un árbol, que también parece al alcance de cualquiera. Aunque origina consecuencias. Si un libro se cae, no suele haber heridos; pero si se cae un árbol del parque de María Luisa, puede haber misa de córpore insepulto al día siguiente.
SEVILLA es una ciudad polarizada en lo futbolístico. La rivalidad entre Sevilla y Betis (o a la inversa) se traslada incluso al cartel de la Cabalgata de los Reyes Magos, obra de Fernando Vaquero. En ese contexto, se ha consolidado la tercera vía del fútbol sevillano: el estadio de La Cartuja, que tiene vida propia. El estadio se ha encumbrado como un escenario neutral, en el que la selección de España ha certificado como un trámite su calificación para el Mundial de 2026. Con el aforo medio lleno o medio vacío: asistieron 30.812 espectadores.
VERDADERAMENTE corren tiempos difíciles para el literato puro y duro. En el Premio Planeta se ha pasado de tener como finalista a Juan Benet (1980) a que lo gane Juan del Val (2025). Casi medio siglo de literatura democrática. Hemos pasado de jalear a Joyce a que cualquier político es escritor. Hasta Pedro Sánchez o Juanma Moreno. En eso han copiado al régimen anterior. El ministro franquista Gonzalo Fernández de la Mora escribió El crepúsculo de las ideologías, un ensayo filosófico con el que le compararon con Nietzsche y otros así, puede que incluso con Santo Tomás de Aquino. Y lo más terrible es que hasta los de la oposición andaluza fueron al Parlamento de las Cinco Llagas, a hablar de Manual de convivencia, el libro de Juanma Moreno.
PUEDE ocurrir que las palabras nos digan algo y lo contrario. O que lo contrario nos sugiera lo mismo, siendo lo opuesto. Por ejemplo, los célebres versos que Antonio Machado le adjudicó a su apócrifo Abel Infanzón de “Sevilla sin sevillanos, ¡la gran Sevilla!”. Lo publicó en 1914, y lo amplió después, con el sentido que ha perdurado: “Dadme mi Sevilla vieja/ donde se perdía el tiempo/ en palacios con jardines/ bajo un azul de convento”. De modo que su gran Sevilla era la histórica, y no cualquier Sevilla sin sevillanos. En sus versos finales lo remata: “Sevilla y su verde orilla/ sin toreros ni gitanos. / Sevilla sin sevillanos/ ¡oh maravilla!”.