EL atentado de un yihadista islámico en Algeciras ha causado una profunda conmoción. Es lógico. En el ataque perpetrado en dos iglesias por Yassin Kanjaa falleció el sacristán de la parroquia de la Palma, Diego Valencia, y resultó gravemente herido el párroco de San Isidro, el padre Antonio Rodríguez. De inmediato, para evitar que las cosas se compliquen más por el odio y la intolerancia, se ha destacado que los ataques han sido cometidos por un lobo solitario, sin apoyo de grupos islamistas radicales. Pero un lobo solitario no es lo mismo que un loco espontáneo, sino que un lobo solitario es un radical que estaba ahí, y no fue descubierto a tiempo, y que actuó con violencia sabiendo lo que hacía: quería matar a sacerdotes. Al sacristán lo confundió con el párroco de la Palma, y por eso lo apuñaló, como hizo con el párroco de San Isidro.

A priori, la candidatura de Bruno García, como aspirante a la Alcaldía de Cádiz por el PP, es la más fuerte de todas. Algunos dicen que es la única presentable, pero eso ya es una cuestión discutible. Es natural que los demás candidatos le vean como el enemigo a batir. Y que para muchos gaditanos sea ilusionante que se presente un político con perfil moderado, capaz de aglutinar a las personas no radicales, para que Cádiz no siga perdiendo el tiempo. Doy por obvio que la confrontación política forma parte de la democracia, pero es muy lamentable que el principal argumento que se está utilizando contra Bruno García sea que ha nacido en Jerez. Aunque por ahí no se consigue nada.

TODOS los años la gente dice lo mismo: el mundo se para en Cádiz cuando llega el Carnaval. Bueno, todos los años no. Porque el último concurso lo organizaron fuera de temporada, como en los tiempos de las Fiestas Típicas Gaditanas. Por suerte, la pandemia se acabó, o eso parece, porque ya no cuentan los muertos, ni vemos al doctor Simón. Ya sólo exigen mascarillas para viajar en el transporte público, pero esa limitación terminará pronto. En Cádiz la gente llegará a los días grandes del Carnaval sin mascarillas, sólo con máscaras. El Carnaval ha vuelto a la normalidad. Y se volverá a decir que el Carnaval tiene la culpa de todos los problemas de Cádiz. Como si el Carnaval fuera el alcalde.

EN los dos últimos partidos disputados en el estadio llamado Nuevo Mirandilla (antes Carranza) al Cádiz CF le han mangado cuatro puntos por la cara. Teniendo en cuenta que el equipo es malo, no sería necesario que los árbitros lo conviertan en peor de lo que ya es. Hacen falta fichajes en enero. Pero es intolerable que se burlen de un club de Primera División y de su afición. Es una falta de respeto y hasta de buena educación. Las felonías no vienen de esta temporada, sino que ya la anterior fue de semejante porte. El Cádiz se salvó en la última jornada, gracias a que Jorge Molina, jugador del Granada, falló un penalti ante el Espanyol. Si lo hubiera marcado, ahora los partidos del Cádiz serían de la Liga Smartbank (más conocida como Segunda División).

ALGUNAS veces los artículos siguen su propia vida y tienen hijos. Decíamos el viernes pasado que el Campo del Sur es una joya, y de ahí se comunica hoy que la Alameda es otra joya. Sólo en Cádiz hay una alameda como esa Alameda. Decíamos el viernes pasado que un alemán, Hans Josef Artz, se enamoró de Cádiz y ha fotografiado sus paisajes marítimos con un preciosismo admirable. Pues ese mismo alemán me envió un video, que ya se ha subido a Youtube, para ilustrar el sonido mágico de una de las mejores pianistas japonesas, Azumi Nishizawa. Se titula Recuerdos de Cádiz. Es un descubrimiento enorme: Cádiz, la ciudad de la luz, es también la ciudad de la niebla.