LA Aduana es un clásico del debate gaditano. La Aduana fue construida en los años 50 del siglo pasado, por lo que se la considera un edificio franquista. La Aduana no está afectada por la memoria histórica. No se construyó para cantar el Cara al sol, ni nada de eso, sino para lo que sirven las aduanas, que es para controlar el tráfico de mercancías en el puerto, entre otras circunstancias. La Aduana no es sólo un edificio, sino la sede de un organismo. Guste más o menos, la Aduana debe existir mientras que Cádiz tenga un puerto. Por lo cual, en caso de ser derribada, hay que trasladar sus funciones y sus funcionarios a otro edificio, circunstancia que a veces se olvida. ¿A cuál? No se sabe.
EL trágico accidente en Urda (Toledo) ha mostrado la marginación que sufre Andalucía, entre otras consecuencias. El Ministerio de Transportes la ha perjudicado con dureza en los últimos años. Más aún desde que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno central. Ese periodo del sanchismo ha coincidido con una Junta de Andalucía que ya no estaba gobernada por el PSOE, después de casi 40 años, sino que el presidente es Juanma Moreno, del PP. El castigo a los andaluces parece que se ha extremado en las inversiones de obras públicas. El catálogo de obras que están pendientes es grande. Pero la gota que colma el vaso de la vergüenza es lo que se ha conocido después del accidente sangriento del AVE y el Iryo.
TRAS el terrible accidente de Urda (Toledo), se ha recrudecido la polémica ferroviaria en Andalucía, España y la Humanidad. Dos accidentes de AVE en poco más de nueve meses, con 115 muertos. ¡Y ahí sigue el tío! Y peor es su jefe, que quiere seguir cuatro años más. Cádiz es una provincia pionera y avanzada en la polémica, pues lleva muchos años sufriendo marginaciones. Mayores en los últimos tiempos, con el todavía ministro de Transportes, Óscar Puente. En su origen, las miserias ferroviarias gaditanas vienen de antiguo, del siglo XIX, cuando se descartó la construcción del tren que enlazaría la Bahía de Cádiz con la Bahía de Algeciras.
CÁDIZ es Cádiz. No es Madrid, ni Barcelona, ni Sevilla. Se debe tener en cuenta al afrontar una campaña electoral marcada por la vivienda y por las mentiras que los demagogos dicen, para utilizar ese problema en beneficio propio. Pedro Sánchez y los partidos que lo han mantenido en la Moncloa creen que han encontrado un filón electoral. Aspiran a atraer a un sector de la izquierda, desengañado con los casos de corrupción, votante al que intentan fidelizar. Es sangrante utilizar para eso la vivienda, cuyo problema han agravado ellos. Y cuando tenían de portavoz en el PSOE a Montse Mínguez, que se vio forzada a dimitir porque su pareja es dueño de 30 pisos, de donde desahuciaron a algunas criaturitas.
CUANDO España ganó en 2010 su primer Mundial de fútbol, en Johannesburgo (República Surafricana), José Antonio Camacho (hasta entonces exfutbolista ilustre y exseleccionador de cuartos de final) pasó a la historia de la filosofía con una frase lapidaria: “Iniesta de mi vida”. En los periódicos deportivos quedó a la altura del “Pienso, luego existo”, de René Descartes, y por encima del “Yo soy yo y mis circunstancias”, de José Ortega y Gasset, antes considerado el principal filósofo español. Tan hondo caló esa frase que, viendo lo que ha sucedido con el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, supongo que los del PP provincial gaditano la habrán adaptado, para dejarla en “Landaluce de mi vida”.