UNA vez más, la izquierda municipal gaditana y sus amigos han querido hacer virtud de la necesidad. Es normal y se entiende, pues para eso se encuentran en la oposición. Les resultaría más difícil explicar por qué no hicieron nada para reconstruir y abrir el Teatro Pemán, a pesar de que un cartel anunciaba la inauguración para junio de 2021. Y, aunque la empresa de las obras se arruinó, tuvieron tiempo. Estuvieron ocho años en el poder local. Tiempo para ese teatro, para el pabellón Portillo y otras obras, que anunciaron y no hicieron. Así que, para ellos, lo mejor es montar la polémica con el nombre de José María Pemán, que en Barbate tiene una céntrica calle, paralela a la de Federico García Lorca. Por ejemplo. Hay más.
PARA los andaluces, en general, y los gaditanos, en particular, el eclipse del pasado 12 de agosto fue parcial, por decir algo. Fue una decepción, aunque muchos no lo quieren reconocer. Porque salieron ilusionados con sus gafitas homologadas (y sin homologar también) y se arriesgaron a pasar por la consulta del oculista, a cambio de lo poco que se vio. En la televisión se le ha dado una importancia exagerada a este eclipse. Fue útil para eclipsar durante unos días las vergüenzas de la invasión de Ceuta, y para que los expertos en astronomía nos hicieran olvidar las paridas de Marlaska, que anunció la normalidad en un pis pas. En Cádiz, como era parcial, no se quedó todo a oscuras, sino que vimos menos luz durante un ratito.
HUBO un intento, que no prosperó, para batir el récord Guinness de las barbacoas. Al final, las barbacoas perecieron en el intento. Pero ahora es mejor: podemos batir el récord Guinness de echar entrenadores de fútbol. En apenas cinco meses (con las vacaciones por medio), el Cádiz ha echado a tres entrenadores: Gaizka Garitano, Sergio González e Imanol Idiákez. Puede ser que el cuarto entrenador, Albert Celades, no se coma los polvorones, como se decía antes; o ni siquiera los huesos de santo en noviembre, el mes de los difuntos. Con la trilogía de eclipses, que ya ha comenzado, están ocurriendo fenómenos que nunca vimos.
AL Trofeo lo están matando a cámara lenta. Los de la memoria democrática ya ni siquiera piden que le cambien el nombre. Se sigue llamando Trofeo Ramón de Carranza, como en 1955, cuando lo inventó el alcalde José León de Carranza. Construyó un estadio nuevo, al que se mudó el Cádiz CF, y creó un Trofeo, pero no permitió que lo jugara el club de la ciudad. ¿Por qué? La idea del alcalde era que lo disputaran equipos de primer nivel nacional e internacional. Y al Cádiz no se lo permitieron hasta que ascendió a Primera División, en 1977. Esa historia es conocida. Se apunta sólo para recordar que lo de este año no es el Trofeo de los trofeos, no es el Carranza. Es un mamarracho, que dirían algunos políticos.
CUANDO Luis María Anson era director de ABC, escribió que se debe valorar y elogiar el mérito allá donde se encuentre. En el periódico de los Luca de Tena, entonces bastión de la monarquía liberal, escribió José María Pemán muchos años. Anson fichó como columnista a Francisco Umbral, escritor afín al PCE, que pasó de El País a ABC y después a Diario 16 y El Mundo con Pedro Jota Ramírez. Por cierto, Umbral definió a Pemán como uno de los mejores articulistas españoles del siglo XX. En aquellos primeros años de la democracia instaurada, se tenía claro que, en la literatura, existen buenos y malos escritores, más allá de sus ideas.