MÁS vale tarde que nunca, dice un refrán popular. Los plazos de la Junta de Andalucía son flexibles, y se apunta a 2028, pero es una bonita noticia que el solar de la calle Tolosa Latour, donde se iba a ubicar la Ciudad de la Justicia, finalmente tenga un uso apreciable. Como se sabe, se le ha buscado otra utilidad al solar, que sufre dos décadas y pico de abandono, después de que la Justicia (esa justicia acatada y atacada, en la que algunos políticos sólo creen cuando les interesa) fue enviada a los depósitos de Tabacos de Puntales. El nuevo uso consistirá en construir 101 viviendas y un edificio administrativo, donde la Junta trasladará a siete organismos que están dispersos por la ciudad, lo que permitirá emplear allí a 438 personas, además de construir un aparcamiento subterráneo de dos plantas.
CANTABA Lucho Gatica que la distancia es el olvido. Y después lo han cantado muchos más, en diferentes versiones. Pero no hace falta recurrir al bolero para dar el cante. En Cádiz lo vemos constantemente. La distancia es la excusa para el olvido y el abandono. A Cádiz la engañan casi de continuo, con promesas que no se cumplen y con silencios que caen en el olvido, entre la indiferencia. Cádiz sólo es noticia para el cachondeo del Carnaval, para los conflictos del Metal, o para los simulacros de catástrofes, en los que se representa un teatro imaginario. Por cierto, felicidades a la niña que llevó un estandarte. No podía faltar.
AVISO a los navegantes: es una tentación muy grande tomarse a cachondeo el maremoto del 20 de noviembre. Como muchos gaditanos, por cierto. Predomina una teoría, muy extendida, según la cual este simulacro de maremoto (no le digáis tsunami, que suena a japonés) es un invento del consejero de Emergencias, Antonio Sanz. ¿Para distraer a la gente de los cribados? No, para suministrar un material adecuado a los repertorios del Carnaval de Cádiz de 2026. Para los cuplés puede ser estupendo. Y, además, que tal como se ha planteado no parece un maremoto de verdad, sino lo que es: un simulacro. Los maremotos de verdad no suelen avisar una semana antes, ni decir que te van a enviar la señal de emergencias modelo Ventorro el 20 de noviembre a las 10:03 de la mañana.
CON la denuncia al obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza, los fieles de la diócesis se han quedado estupefactos. Más aún cuando el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, y el arzobispo de Madrid, José Cobo, han afirmado que la denuncia tiene “verosimilitud”. La palabra verosímil, según el Diccionario de la RAE, significa “que tiene apariencia de ser verdadero”, y en su segunda acepción “creíble por no ofrecer carácter alguno de falsedad”. ¿Y la presunción de inocencia? Es triste que dos arzobispos no sean prudentes, ya que el caso está en un tribunal eclesiástico, que no se ha pronunciado todavía.
LA vida es como un carnaval, o quizás esa confusión proceda de que el carnaval se nutre de la vida misma. En Cádiz existe la costumbre de mezclar la vida y el carnaval, al punto de confundirse, y de introducir elementos reales en lo ficticio y elementos ficticios en la realidad. En otros lugares, esta interacción se nota menos, o nada. Sin duda porque en la mentalidad de los gaditanos está más arraigado. No lo escribo por buscar un debate teórico, sino por recordar que unas veces la vida va por delante del carnaval, y otras por detrás. Uno de los aspectos en los que más se nota es el de las retiradas. Como ha sucedido con el anuncio de José Luis García Cossío El Selu, que se retira del concurso, después de 46 años.