TODA la Sierra de Cádiz ha sufrido una gran catástrofe natural con las inundaciones del tren de borrascas. Grazalema ha acaparado los focos mediáticos y la mayor atención. Con razón, porque ha sido necesario evacuar a toda la población. Pero en otros municipios han vivido momentos muy duros. Y también han dado una lección de ejemplaridad. Hoy me refiero principalmente a Ubrique, porque lo que ha ocurrido en este municipio ha sido agobiante, pero también un ejemplo de buen hacer en una situación límite de emergencias. Si no fuera por la disposición de los vecinos, y por decisiones acertadas, allí se estaría lamentando una tragedia con muchas víctimas.
CON la huelga de maquinistas, más o menos frenada, y los trenes que están como están, quizás no sea el mejor momento para pedir que le traspasen las competencias del servicio de Cercanías a la Junta de Andalucía. Sin embargo, se debe mantener la coherencia. Con unas elecciones autonómicas antes del verano, este es un asunto que se quedará pendiente para la próxima legislatura. Y los partidos se deberían posicionar con claridad en la campaña. ¿Lo van a pedir, o no? La intención de contar con un Servicio Andaluz de Cercanías se planteó por el agravio con los Rodalies de Cataluña. Una vez más: igualdad. Está en el origen del Estatuto, e incluso del 28-F. Andalucía está definida como nacionalidad histórica. Traducido significa no ser menos que los catalanes, vascos y gallegos.
LA provincia de Cádiz afronta una situación de emergencia extraordinaria. La Junta decidió ayer desalojar Grazalema al completo ante el riesgo de movimientos sísmicos por la acumulación subterránea de agua, tras las lluvias torrenciales. Una medida insólita, para un riesgo excepcional. En Grazalema están estos días unas 1.200 personas. También hay desalojos en otros municipios de la Sierra y peligro de desbordamiento del río Guadalete por los desembalses de los pantanos de Arcos y Bornos. La Sierra, desde Ubrique a Arcos, está sufriendo las graves consecuencias de Leonardo, que se ha sumado al tren de borrascas. Hay temor a lo que ocurra con las lluvias que anuncian para mañana, que podrían ser intensas. Y llueve sobre inundado.
CON el tren de borrascas que se ha formado, la alerta roja y el diluvio universal que anuncian en Grazalema, parece que hay una conspiración contra Cádiz. La gente está distraída con el Carnaval y resignada a las desgracias. Pero la realidad es que el aislamiento de esta provincia se pasa de los niveles admisibles. En Cataluña tienen montado un tren de protestas por los Rodalies y la lentitud del AVE entre Madrid y Barcelona. Pero si allí hubiera coros, comparsas y chirigotas, en vez del Orfeó Catalá, collas de sardanistas y los xiquets castellers, seguro que estarían poniendo el grito en el cielo, criticando al Gobierno de España que tiene la culpa. Pero bueno, eso es anecdótico. No se arreglan los problemas dando el cante, sino con soluciones.
APROVECHANDO que no funcionan los trenes, dicen que está pasando un tren de borrascas. Las lluvias torrenciales y los vientos huracanados suelen coincidir en Cádiz con el concurso del Carnaval. ¿Por desatar la cólera divina con esos repertorios? ¿Por lo que desafinan esas figuritas de la copla? No, esa sería una interpretación propia de doña Cuaresma. En realidad, el concurso del Carnaval coincide con los temporales porque se celebra en enero, el mes más inhóspito del año. Tanto pedir que el Carnaval volviera a febrero (o, por mejor decir, a sus fechas litúrgicas) y resulta que el concurso comienza en cuanto recogen la basura del día de los Reyes Magos. De cabalgata a cabalgata, Cádiz se carnavaliza. Enerillo el sieso ha ido a lo suyo. Y Febrerillo el loco va a llegar con más lluvias.