VUELVO a decir que uno de los principales problemas de Cádiz, quizás el mayor, es la falta de ideas claras. En la carta o manifiesto que el alcalde de Cádiz, José María González Santos, ha enviado al ministro José Luis Escrivá le pide que vengan afganas y afganos a la ciudad, lo que es muy solidario, y también que establezca “corredores seguros” para las salidas de ese país. Si el ministro Escrivá no es capaz ni de poner en marcha el ingreso mínimo vital, no sé cómo va a establecer corredores seguros con Afganistán, que está lejos de la Caleta, pero bueno lo puede intentar, aunque los talibanes se rían. Sin embargo, lo más curioso de la carta es que Kichi dice también: “Somos una tierra castigada por el paro y el desempleo al que nos siguen sometiendo, pero al mismo tiempo somos una tierra hospitalaria, abierta, inclusiva y solidaria”.

EL 11 de septiembre de 2001 el telediario de TVE (conducido entonces por Ana Blanco, cuando gobernaba Aznar, igual que ahora con Sánchez), transmitió en directo unas imágenes horribles. Un avión había colisionado contra una de las Torres Gemelas de Nueva York. No se sabía si era un accidente. Cuando se estrelló otro avión entendimos mejor la magnitud del horror: unos atentados terroristas. Esa misma noche, el entonces presidente de los EEUU, George Bush Jr, ordenó que aviones de EEUU bombardearan Kabul, la capital de Afganistán. Ben Laden y el mulá Omar empezaron a ser personajes conocidos para todo el mundo. Eran los representantes del fundamentalismo medieval y totalitario de Al Qaeda y los talibanes.

LOS comerciantes siempre se han quejado. Forma parte de la profesión. Cuando las cosas van mal lo dicen, y cuando van bien lo suelen callar. No obstante, en Cádiz capital, el comercio no es lo que debería ser. Y no hace falta que critiquen a Martín Vila. El problema es de más honda raigambre. A la vista está. Basta con pasear por Columela, a la que se supone la calle más comercial de Cádiz, para ver locales cerrados y sin nuevos comercios tras la huida de Zara y otras marcas de Inditex. Una huida que se ha producido sólo en las ciudades y pueblos donde el volumen de su negocio era chungo. Pero no en las grandes capitales ni periferias desarrolladas. Es un síntoma obvio de la decadencia.

CADA cuatro años (o cada cinco, por culpa de la pandemia) hay que justificar los resultados de los Juegos Olímpicos. Antes de empezar, en este país, de suyo dado a las expectativas ilusorias y a los dirigentes cantamañanas, hacen unas previsiones hinchadas, que raramente se cumplen. Para Tokio 2020-2021 esperaban que España obtuviera más de 20 medallas, pero se han quedado en 17, como en Río de Janeiro 2016; y de ellas sólo tres de oro (en Río alcanzaron siete) en deportes que se consideran de segundo rango. Los ganadores del oro han sido Fátima Gálvez y Alberto Fernández (tiro olímpico por pareja), Sandra Sánchez (kárate, en kata femenino) y Alberto Ginés (escalada), todos ellos poco famosos antes de sus días de gloria olímpica.

DESDE la mitad del siglo pasado, puede que desde los tiempos más prehistóricos de la memoria histórica, se viene diciendo que en Cádiz no hay sitio para nada. A la misma vez se viene diciendo que Cádiz se está quedando despoblada. Sin embargo, todavía hay gaditanos y forasteros que viven en Cádiz, ciudad muy solicitada para segundas residencias, o incluso terceras. Y en Cádiz hay lugar para todo, si ustedes se fijan bien. Hay sitio hasta para abrir comercios en la calle Columela, o para hoteles y facultades en Valcárcel. ¿Y el solar donde iban construir la Ciudad de la Justicia? ¿Y el solar de Puntales para el hospital de la Junta? ¿Y los depósitos de Tabacos, donde van cambiando el uso sin hacer nada. ¿Y el suelo de la Zona Franca, donde abren supermercados Carmela, por abrir algo que no sea una gasolinera?