DESDE hace algunos años, personas especializadas en los movimientos sísmicos y oleajes tipo tsunamis vienen alertando de las terribles consecuencias de un maremoto para Cádiz. Lo que pasó en 1755, cuando el terremoto de Lisboa, podría volver a ocurrir. Antes de ese maremoto hubo otros, aunque con la diferencia de que no sacaron el estandarte de la Virgen de la Palma, ni se tienen conocimientos de ningún milagro al respecto. Un dato que también es verídico y de base científica: en los últimos 266 años no hemos sufrido ningún maremoto de ese nivel en Cádiz. Es decir, que han pasado más de dos siglos y medio en los que varias generaciones de gaditanos han nacido, vivido y fallecido sin conocer un maremoto colosal. O dicho de otro modo, yo comprendo que intentan vender la moto del maremoto, pero es una rareza muy rara, rarísima. También te puede caer un trozo de balcón o una maceta en la cabeza. Nadie ha elaborado un plan de emergencia para tal contingencia.

ESTAMOS en la octava del Corpus. Se suele considerar a junio, en el devocionario popular, como el mes eucarístico por excelencia. Por lo común, el Corpus (que es una solemnidad litúrgica movible, como la Semana Santa) se celebra en junio. Ya se ha comentado en múltiples ocasiones que el Corpus de Cádiz estaba considerado entre los principales de España, por los fastos de sus celebraciones, junto a los de Toledo, Sevilla y Granada. Si bien entró en una dinámica decadente, que se ha intentado corregir. Pero con una pandemia es más difícil. El domingo pasado tuvimos el segundo Corpus sin procesión en las calles, aunque el Santísimo recorrió las naves de la Catedral en la Custodia chica, donada por Ana de Viya, ya que no se consideró pertinente utilizar la grande, una de las mejores de España, que estaba en la Catedral, a la vista, y como aparcada.

EN este país no se habla de otra cosa. ¿De los indultos y de Marruecos? No, de la luz y las vacunas. Mientras madrugan para poner la lavadora, en este país, en esta autonomía, en esta provincia y en esta ciudad todos y todas se han convertido en unos expertos en vacunas. Vas en el Cercanías de Cádiz a Jerez o viceversa (en el tranvía de Chiclana no, porque no funciona) y la gente comenta: “Pues yo estoy vacunada con AstraZéneca en segundas dosis”. Y el otro le contesta: “Pues yo me puse la de Pfizer, por no dejar a mi Manoli viuda”. Y entonces se entromete el gachó a quien nadie le ha preguntado, y dice: “Pues a mí, por mi edad, me la pusieron de Moderna. Aunque yo soy tan antiguo que estuve en 1949 en la inauguración del Teatro Andalucía, vimos una zarzuela muy bonita”. Y luego todos se cuentan sus efectos secundarios.

COMO este Gobierno está plagado de intelectuales, han tenido en cuenta a Ortega y Gasset. Este gran filósofo es popularmente conocido por dos cuestiones: su Teoría de que los andaluces son flojos por naturaleza y que “yo soy yo y mis circunstancias”. El Gobierno del PSOE de Pedro Sánchez (hay otro PSOE) y de Unidas Podemos (que aún existe) se supone que está para defender a las clases trabajadoras y sacudir a impuestos a los capitalistas, pero al final siempre se los pagan los trabajadores, a las que el Gobierno considera ricos, en contraste con los pobres, que están parados o intentando cobrar el ingreso mínimo. Así ahora resulta que el recibo de la luz es “el recibo de la luz y sus circunstancias”. Vamos a pagar la electricidad a precio de oro. Aunque el Gobierno anuncia una ley para reducirla un poquito, por disimular.

LA playa de la Victoria y el Paseo Marítimo de Cádiz han entrado en una dinámica de peligro para las tardes y noches de verano. Se ha convertido en el nuevo botellódromo de la ciudad (y gran parte de la Bahía), sobre todo los fines de semana. Está llegando a un nivel alto de utilización que será imparable si no se frena ya. Lugares como los bajos del hotel Playa Victoria y la entrada principal se han convertido en la zona VIP de las reuniones juveniles, cada vez más concurridas. El fenómeno es semejante (a escala gaditana) a lo que sucede en Barcelona, donde las playas eran tomadas la Noche de San Juan y se quedaban cochambrosas; pero ahora todas las noches de fines de semana son sanjuanistas. El problema no es sólo pandémico, que también, sino que afecta al ecologismo gaditano, aquel que acabó con las barbacoas.