NO hace falta ser el pitoniso Pito ni la pitonisa Rita para darse cuenta. Vamos a tener elecciones más pronto que tarde. Y no me refiero a las de Andalucía, que corresponden en junio de 2026, sino a que Pedro el Pacífico está preparando su cruzada para seguir en la tierra santa de la Moncloa. Para lo cual necesita que el PSOE sea el partido más votado cuando convoque elecciones. Quizás cuando le rechacen los presupuestos. Y, por otra parte, en Andalucía está diciendo Juanma Moreno que no adelantará las autonómicas, pero puede ser una estrategia para pillar al rival por sorpresa. Viendo lo que ha pasado con el anuncio gracioso del suelo para el hospital de Puntales, tenemos la primera piedra para la campaña.
LA dana de Valencia de 2024 fue una gran catástrofe, en la que murieron 219 personas. Pero murió algo más: la inocencia de los políticos ante las catástrofes naturales. Es cierto que la gestión de Carlos Mazón aquella tarde fue penosa, y que debió dimitir. Pero no se puede suponer que hubieran muerto menos personas, en caso de enviar antes las alertas, ya que algunos fallecieron cuando veían la inundación y se arriesgaron sin medidas de autoprotección que son elementales. Pero lo peor es que se han utilizado las mentiras de la dana como una forma de hacer daño, con la excusa de buscar responsabilidades políticas.
AL iniciarse un nuevo curso (también político), y haber cumplido el paso del ecuador de su mandato, es natural que en Cádiz se evalúe la gestión del alcalde, Bruno García. Con el morbo añadido de que ganó las elecciones municipales de 2023 por un solo concejal, con lo cual se supone que en 2027 lo tendrá complicado. Aunque peor lo puede tener la oposición, después de comprobarse que su aportación al progreso de Cádiz es ninguna, ya que se limitan a quejarse. En este periodo, el alcalde ha mostrado su cara más agradable y también su cruz. Con lo cual se concluye que será el favorito para ganar en 2027, pero debe tener cuidado para no complicarse él mismo.
EN Cádiz habrá pocos espacios para nuevos proyectos, comparada con otras ciudades, pero padece algunos desperdicios vergonzosos. Un ejemplo es el paseo de Santa Bárbara. Ubicado en uno de los enclaves de privilegio de la capital gaditana. Está en la trasera del Parque Genovés y en la prolongación del frente marítimo desde la Alameda al Campo de las Balas y la Caleta. Debería ser un paseo muy frecuentado y apacible para los gaditanos. Sin embargo, no lo es. Todo lo contrario. Pocos pasean por allí. Tras varias intentonas fallidas, parece que el alcalde, Bruno García, se lo ha tomado en serio. Se ha anunciado que una empresa de Ávila va a realizar el proyecto de mejoras. Por valor de casi un millón de euros.
PUEDE que algunas personas piensen que en Cádiz se organizan demasiadas procesiones extraordinarias en verano. Con lo cual, agosto y septiembre parecerían como una Cuaresma bis, fuera de temporada. Esto puede tener una explicación subliminal. En Cádiz, la Cuaresma auténtica no dura 40 días. En Cádiz, una parte de la Cuaresma se la traga el Carnaval. El domingo de Piñata es, en la liturgia, el primero de Cuaresma. Y no digamos nada de los Jartibles, que coinciden con el segundo. En Cádiz, la Cuaresma en las calles dura menos de un mes. Pero hay que diferenciar, para entender que el recorrido del Nazareno por las tierras beduinas está justificado y es de gran beneficio espiritual y social.