CUANDO se comenta la invasión de Ceuta, a veces parece que está en la República Sudafricana. Como si quisieran alejarnos de lo ocurrido. Y lo ocurrido, entre otras cuestiones, es que han muerto alrededor de 100 personas, algunos de cuyos cadáveres aún no han rescatado. Para Andalucía, Ceuta no es solo una ciudad vecina, sino con vinculaciones especiales. Estuvo a punto de ser incluida en la comunidad autónoma andaluza al principio de la Transición. La UCD defendía la integración de Ceuta y Melilla en Andalucía, pero no se aprobó, porque se opusieron el PSOE, el PCE y el PSP de Tierno Galván. Se remitieron a la Constitución de 1931, en la Segunda República, donde eran definidos como “territorios de soberanía del Norte de África en régimen autónomo, en relación directa con el Poder Central”.

EN la invasión de Ceuta, han muerto al menos 67 personas, ahogadas o aplastadas. Ese balance era provisional ayer. Tampoco sabemos cuántos han entrado. Unos dicen 50.000, otros 70.000. Y, según lo difundido, parece que han devuelto a más de los que entraron. ¿No saben sumar? A los fallecidos nadie les envió un mensaje de alerta, ni han culpado a los servicios de Emergencias por llegar tarde. Sí, decir eso es una crueldad, pero de ese tipo las escribe en X el ministro de Transportes, Óscar Puente. Sobre los 67 muertos se ha debatido poco, como si el transporte de los cadáveres hubiera sido rutinario. Es indigno olvidar tantas vidas destrozadas.

DESTITUIR al ministro de Transportes, Óscar Puente, sería una prioridad nacional, si en este país quedase un poco de dignidad política. Su actitud en los incendios, con los comentarios tuiteros, es canallesca. Pero no por el rifirrafe con la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sino que viene de antes. En los incendios ocurridos en comunidades autónomas gobernadas por el PP ha intentado culpar a sus dirigentes. El año pasado ya tuvo un comportamiento indecente con el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, por un grave incendio en su comunidad. Le intentó culpabilizar, de cara a las elecciones autonómicas. Le salió mal, porque el PSOE volvió a perder.

RESULTA muy bonito escribir hoy sobre reconciliación, al haberse cumplido ayer 90 años desde el comienzo de la guerra civil de 1936. Aquello empezó como un golpe de Estado. Pero terminó de la manera más vil posible: con las dos Españas asesinando. Y no sólo unos u otros. Hoy parece que solo asesinaron los franquistas, pero los del otro bando también. Y, además, comunistas pro-soviéticos asesinaron a republicanos, a trotskistas, y a otros que no pensaban igual. Aún no se sabe dónde están los restos de Andreu Nin, líder del POUM, asesinado por los soviéticos. De eso hay poca memoria. Pero ahora tenemos otra reconciliación: con Puigdemont.

SIEMPRE que ocurre una catástrofe natural con más de 10 muertos se busca al culpable. Lo primero sería diferenciar los accidentes, como el de los trenes de Adamuz, de catástrofes como la dana de Valencia, o el incendio de Los Gallardos en Almería. Por supuesto que en las catástrofes naturales hay que analizar las responsabilidades. Pero en este país lo que se busca es el culpable político, para la confrontación nuestra de cada día. En el incendio de Almería, la única duda era cuanto tiempo tardarían en rebuznar. Respuesta: menos de un día.