LA desfachatez política alcanzó otra cumbre con las elecciones de Extremadura. El gran perdedor fue Pedro Sánchez, que estuvo allí y le hizo la campaña al candidato del PSOE, Miguel Ángel Gallardo, tras cometer la chulería de avalarlo, a pesar de estar acusado de un chanchullo con el hermanísimo de don Pedro. Los relatores del sanchismo ya empezaron a contar mentiras en la misma noche del fracaso, manipulando las cuentas a su antojo. Todo para ocultar el ridículo del PSOE, que ganaba con el 54% de los votos en los tiempos de Juan Carlos Rodríguez Ibarra y ahora está en menos de la mitad: el 25,72%.

SIEMPRE es bueno que haya niños traviesos en casa. Siempre es bueno que esté Puigdemont en su exilio con una amnistía pendiente y que Junts retire su apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez, con Miriam Nogueras ejerciendo de mujer fatal, pero sin permitir que caiga. Sin embargo, el mayor culpable de que el sanchismo siga en el poder no es Junts, sino los de Sumar. El movimiento formado por comunistas de Izquierda Unida, el PCE y otros, junto a los de Más Madrid, Compromís valenciano, los ecologistas y comunistas catalanes de los Comuns y no sé qué más, todos ellos forman parte del Gobierno, en coalición con el PSOE. Son responsables de lo que sucede. Bastaría con que el movimiento de Yolanda Díaz rompiera su apoyo para que Pedro Sánchez se viera forzado a convocar elecciones.

PUEDE considerarse como una gran noticia que tengamos noticias de Extremadura. La pobrecita Extremadura nunca aparecía en los informativos nacionales, excepto que ocurriera algún suceso grave, o que el hermanísimo del presidente del Gobierno se pase de listo. Sin embargo, ahora tiene importancia. El próximo domingo, día 21, han convocado elecciones autonómicas adelantadas. Y se están presentando en clave nacional. Con razón. No por silenciar los problemas extremeños, que los padecen, como víctimas que son del olvido. Pero Extremadura es la mejor encuesta. Ni la del CIS, ni las demás, van a dejarnos una radiografía más certera del auténtico momento político.

LA Constitución ya ha cumplido 47 años. La Constitución, hasta fechas recientes, era joven, no sólo lo parecía, pero ya ha llegado a una edad en la que debe cuidarse para prevenir antes que curar. Es decir, una edad en la que es adulta y madura, en la que aporta realismo y sensatez a la política española. En este país, según las encuestas, las personas mayores de 60 años son las que más votan a los partidos que contribuyeron a esa Constitución, mientras que los jóvenes son más propensos al populismo.

UNO de los motivos por los que Pedro Sánchez consiguió la presidencia del Gobierno fue el miedo a Vox. La posibilidad de que Alberto Núñez Feijóo necesitara un pacto con Vox para gobernar, según auguraban las encuestas, impulsó el voto del miedo, con una movilización del electorado socialista. Y quizás algún cambio de voto moderado. Le salió bien la jugada, porque le permitió un pacto Frankenstein con los partidos progresistas, o plurinacionales, o lo que sea ese conglomerado que montó para que no gobernase el PP con el apoyo de Vox. Era la línea roja que no se podía pasar, no era ético pactar con la extrema derecha.