LA demagogia y el populismo cutre que impregnan la política de este país alcanzan momentos épicos con las vacunaciones. Raro es el día que no publican noticias de alguien que se ha saltado el orden. Y, naturalmente, se pone el énfasis en los de siempre: los políticos de los otros partidos (cuando se han colado militantes de todos), los militares y hasta los obispos. Así se ha dado la bochornosa circunstancia de que forzaron a dimitir al Jemad, el general Miguel Ángel Villarroya, por haberse vacunado. Mientras ahora, en la nueva remesa, están entrando soldados, policías y bomberos, además de los sanitarios que llaman de segunda fila (distinción de por sí patética).

FALTA sólo una semana para que se consume una de las mayores barbaridades contra la democracia en España. Me refiero a las elecciones autonómicas de Cataluña, que han convocado coincidiendo con la tercera ola del Covid-19, con restricciones y medidas sanitarias en las que resulta imposible votar con normalidad. Tampoco es factible constituir las mesas electorales sin arriesgar a sus componentes. Lo que está sucediendo es abusivo, es un retorcimiento de la democracia, aunque haya sido autorizado por la Junta Electoral. Y si la participación flojea no será inevitable, sino porque lo han buscado con intencionalidad ventajista. El principal motivo por el que no se aplazan es porque Pedro Sánchez y los socialistas catalanes se han negado para aprovechar el gran momento de Salvador Illa.

NO se le puede negar a Pedro Sánchez que es un artista de los votos. Sabe sumar estupendamente, y sabe trajinar aún mejor. De manera que gana todas las votaciones importantes, lo mismo le da una moción de censura, un estado de alarma, una eutanasia o unos fondos europeos. Y tiene mérito, ya que el PSOE sólo consiguió 120 escaños y está lejos de la mayoría absoluta. Y todos los partidos que hay alrededor dicen que le hacen la oposición, incluso Unidas Podemos que forma parte del Gobierno. Pero a la hora de la verdad (que no es la de las mentiras) recurre a quien haga falta: desde Bildu a Vox. Todos le echan un cable si está en apuros. Y ahí sigue, más crecido que nunca, y con unas encuestas cachondeables, cocinadas por el CIS a su mayor gloria.

HA llamado la atención que el nuevo presidente de los EEUU, Joe Biden, comenzó la jornada de su toma de posesión asistiendo a una misa en la Catedral católica de San Mateo, en Washington. No sé por qué ha llamado la atención, ya que Biden nunca ha ocultado sus creencias religiosas. Estaban muy presentes en las medidas que defendió en la campaña y en las primeras que adoptó. Unas medidas que se inspiran en el humanismo cristiano y en la doctrina social de la Iglesia católica. Parecen de izquierda en EEUU porque allí gobernaba Trump, con unos planteamientos de histrionismo reaccionario y un talante chulesco, en sintonía con la América más profunda.

LEO algunas encuestas en las que la mayoría de los consultados son partidarios de un confinamiento absoluto. ¿La gente inocente quiere que los encierren en sus casas y sólo les permitan acudir al supermercado? Añoran el tiempo de los Ertes a tutiplén. Era el tiempo en el que se arruinaron los mismos que se van a arruinar con esa Navidad que está costando su peso en enfermos. El presidente de la Junta, Juanma Moreno, además del adelanto del toque de queda, ha pedido al Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias que facilite el encierro. Por cierto, Pablo Iglesias se ha pasado desaparecido todo el periodo de duración de la borrasca Filomena y la ola de frío. Como si se hubiera confinado en el chalé de Galapagar para ver caer la nieve. Este hombre, cuando vienen malas, desaparece. Y, cuando vienen buenas, hace la oposición desde el Gobierno.