EL Gobierno de la nación considera ricos a todos los que no son totalmente pobres. Y a los que no son votantes del PSOE o de Unidas Podemos los catalogan como fachas, franquistas, enemigos de la democracia, antisociales, ultras y todo lo que se les ocurra. Esas diferencias entre buenos (los suyos) y malos (los demás) hay que tenerlas en cuenta, porque según su modo dualista de percibir el mundo, los malos, los ricos y los fachas nunca van a estar contentos y siempre se van a quejar. Y eso ocurre porque atacan a la clase obrera, suponiendo que haya obreros y clase en el Gobierno. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. La práctica es, por ejemplo, el recibo de la luz y sus circunstancias.

ES un éxito que hayan inaugurado el Museo de Camarón en San Fernando. Como suele pasar con los museos de esta tierra, su puesta en marcha no ha sido fácil. Pero lo abrieron para las visitas, con las restricciones de la pandemia eterna. La apertura debería servir de recordatorio para Cádiz, una ciudad muy culta (leído sea con cierta ironía), donde los museos son vilipendiados, y de ellos se habla mucho y se hace nada o muy poco, por lo que se diluyen en el tiempo. Cádiz es una ciudad con proyectos de museos fantasmagóricos. Por eso, el de Camarón viene a demostrar que todo lo que no se abre al público es un museo inútil, una estratagema o un cuento chino.

EN estos días, cuando se sigue hablando y escribiendo de José María Pemán, a la espera de que se pronuncie el Ayuntamiento sobre la lápida, conviene una referencia a lo que más se debería conocer: su obra escrita. Olvidada, cuando no maltratada, como casi todo lo suyo. Las editoriales no reeditan a Pemán. Por eso, muchos caricaturizan su obra literaria sin haberla leído. En 2006, cuando yo era director de Diario de Cádiz, publicamos ocho libros, que formaban la Biblioteca Pemán. Una antología con edición y selección de Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, profesora titular de Literatura Española de la Universidad de Cádiz, a la que considero la mejor especialista actual en la obra de Pemán, que estudió con rigor. La Biblioteca Pemán incluía tres libros de memorias, dos de teatro y uno, respectivamente, de poesía, narrativa y artículos.

DOS escritores gaditanos aparecen en las listas de los 10 libros más vendidos en España. En contra de lo que algunos pudieran pensar, no son José María Pemán y Rafael Alberti. Tampoco Fernando Quiñones ni José Manuel Caballero Bonald. Y no lo digo sólo por citar a autores ya difuntos, sino que tampoco son de vivos que venden libros, como Jesús Maeso de la Torre o Benito Olmo. Los dos escritores gaditanos que aparecen en la lista de los 10 más vendidos son Paz Padilla y Joaquín Sánchez. Se les conocían otras habilidades, como ser una diva de la televisión o un hábil futbolista, respectivamente, pero nunca serían incluidos por Luis María Anson entre los 100 mejores poetas de España, los 15 mejores dramaturgos, ni los dos mejores articulistas del siglo XXI. No obstante, ahí están, vendiendo libros hasta en Hipercor, como si fueran langostinos o almejas.

EL pasado domingo, día 18 de julio, se cumplieron 85 años desde el golpe de estado o sublevación militar que inició una guerra civil entre las dos Españas. Quedan pocas personas (sólo los mayores de 85 años que han sobrevivido a la pandemia) a las que considerar testigos vivos de aquel conflicto bélico. Y ya no quedan soldados de aquellas batallas, excepto alguno que resistiere con más de 100 años cumplidos. Sobre la guerra civil de 1936 se ha escrito mucho, y frecuentemente sin rigor. ¿Sigue teniendo influencia? A la vista está. Aún existen esas dos Españas que hielan el corazón del españolito. A las que se refirió Antonio Machado en 1912, y que venían del siglo XIX. Su familia lo sufrió.