ENTRE tanto ajetreo, todo el mundo en general habla de Pablo Iglesias e Isabel Díaz Ayuso, incluso de las bronquitas del PP sevillano y del desmantelamiento abrupto de Ciudadanos. Así ha pasado a segundo plano la operación de acoso y derribo a Susana Díaz, que mantiene y acrecienta el PSOE desde la madrileña calle Ferraz. Esta operación, sin embargo, tiene una gran repercusión para Sevilla. Ha llegado el momento Espadas, después de que María Jesús haya dado el cante con sus pajaritos en la cabeza, por aquí y por allí, porque le gusta más Madrid. No sabemos si Iván Redondo, el gurú de moda, también se ocupa de ese encargo. Pronto podría convencer a los andaluces de que Juan Espadas es tan malagueño como sevillano, y se pirra por un trono (de los que antaño veían en Semana Santa, cuando salían procesiones). Hay gente que está en un momento aparición, de gran credulidad, y se lo traga todo.

A Ciudadanos le está pasando lo mismo que al Partido Andalucista, aunque por diferentes motivos ideológicos. Unas veces pacta con el PP y otras con el PSOE. La moción de censura en Murcia ha impulsado a Isabel Díaz Ayuso a adelantarse a la jugada en Madrid, y se ha abierto la caja de los truenos. Al PA le costó mucho trabajo explicar sus pactos, que aceleraron dos o tres travesías del desierto, hasta que se hundieron del todo en las arenas movedizas. Ciudadanos era un partido de la nueva política, ¿se acuerdan?, que se hace vieja. Actualmente sufre una crisis de identidad pavorosa. Por el camino que van les pasará lo mismo que al PA, antes o después; probablemente antes que después.

EN cierta ocasión escribí que cada partido es como dos. Esa duplicidad ocurre en España, en Andalucía, y en Sevilla. En la humanidad, no; porque en China verbigracia no se da el caso. Hay un Partido Comunista, y la gente normal no se mete en política, y Juan Espadas les pide que viajen a Sevilla, y punto. Pero aquí todo lo que parecía sólido se vuelve gaseoso. En el PSOE hay pedristas y susanistas; en el PP hay partidarios de Casado y de Juanma; en Ciudadanos hay dos bandos desde que los fundaron; y hasta en Vox de Sevilla ya se han peleado. En cuanto a Unidas Podemos, Adelante Andalucía, o lo que sea, no son dos partidos en uno, sino cinco o seis, ya se pierde la cuenta. A la bronca del acoso y derribo a Susana en el PSOE, se añade la doméstica y sevillana del PP provincial, que tiene más enjundia de lo que parece.

HEMOS leído en la prensa: “El Cecop monta un dispositivo especial para la Cuaresma y la Semana Santa”. Y lo hemos leído la semana pasada, en plena tercera ola, no fue hace dos años. Algunos pensarán que el Cecop actúa como si no hubieran suspendido todos los cultos externos de las cofradías (vía crucis y traslados inclusive), pero no es eso. El Cecop vigilará las colas de las exposiciones organizadas por el Consejo, los aforos de los teatros y otras así. Puede que incluso los aforos de las iglesias, que hoy aumentarán al 50%, si Dios quiere y el comité de expertos de la Junta permite que la ciudad de Sevilla pase al nivel 3 de las restricciones. El Cecop no se rinde. Una Cuaresma sin Cecop no es Cuaresma. Ya son como las torrijas, un elemento costumbrista propio de la idiosincrasia cuaresmal sevillana. Y han debutado. El pasado lunes, sin ir más lejos.

EN este arranque de la Cuaresma es una tentación montar una polémica populista con la Iglesia de por medio. Hoy el asunto irá al Pleno municipal de Sevilla. Se alegrarán los podemitas y adelantados si sirve para decir que la Iglesia es rica y está podrida de propiedades, que según la demogogia barata fueron inmatriculadas porque sí, cuando se levantó la prohibición de hacerlo. Ocurrió en 1998, cuando gobernaba el PP de José María Aznar, lo que igualmente les viene bien para el caso. El objetivo de algunos sería volver a la desamortización de Mendizábal, ya que el siglo XIX es el que más le gusta. Siguen diciendo lo mismo desde entonces. El propio Karl Marx es decimonónico. Sin embargo, esta polémica es artificial. Sólo sirve para despistar al rebaño en su busca de la inmunidad.