AUNQUE algunos se empeñan en negarlo, desde la Transición, existe un sentimiento y un voto andalucista. Es cierto que se canalizó a través del PSA y del PA, y que los enfrentamientos entre el sector de Rojas-Marcos y el de Pacheco, así como otras circunstancias, los llevaron a la travesía del desierto y a la ruina como partido. A partir de Escuredo, el PSOE había amarrado una parte de ese voto. Pero su andalucismo se ha ido diluyendo, hasta ser ya inexistente. Con la candidata que han presentado le dieron la puntilla, si algo quedaba.

LOS resultados de las elecciones en la capital de Andalucía son vergonzosos para el PSOE, en general, y para María Jesús Montero, en particular. En cualquier país democrático (en el Reino Unido, por ejemplo) por menos piden dimisiones de políticos. En la provincia también son malos, aunque algo menos. Y ha influido que el PP ha perdido un escaño en la provincia (obtuvo 8 y en 2002 consiguió 9), pero ha sido gracias al reparto por el ascenso de Adelante Andalucía. Por cierto, la subida de Adelante a quien más ha beneficiado es a Vox, que se ha encontrado la llave de la gobernabilidad andaluza, a pesar de su escaso crecimiento. Y bajando en el voto urbano en algunas ciudades. Por ejemplo, en Sevilla.

SEGÚN nos vamos haciendo mayores, entendemos mejor la fugacidad del tiempo. Todo es efímero. Y a veces se le concede una importancia efervescente a lo que pronto se olvida. Incluso lo que se considera histórico se va deformando con la muerte de quienes fueron protagonistas o testigos presenciales. Lo volvía a pensar al conocer el fallecimiento de Enrique García Gordillo. Este periodista, más allá de su larga trayectoria en Sevilla, tuvo un gran momento político en el referéndum del 28-F. Fue lo que ahora se denominaría el gurú de referencia para Rafael Escuredo, entonces presidente de la Junta de Andalucía.

SE sabía que era el último debate electoral andaluz y se notó. El segundo, que tuvo por escenario el plató de Canal Sur Televisión, fue diferente al primero. Hubo algunos detalles oportunistas y feos. Estuvo condicionado por el miedo a perder de cuatro de los cinco candidatos. José Ignacio García fue el único que arriesgó y repartió sopapos para todos los presentes, no sólo para Moreno Bonilla, sino también para Gavira el de Vox y hasta para la sanchista Montero. Esto último se lo afeó Maíllo, que le reprochó su “equidistancia”, cuando el candidato de Adelante había explicado que la financiación autonómica del PSOE discrimina a Andalucía.

LA mala suerte ha entrado en la política. El presidente de la comisión que investiga el accidente ferroviario de Adamuz, Ignacio Barrón, dijo que fue un “accidente fortuito, con una carga enorme de mala suerte”. Y tenía un fondo de razón. Si uno de los trenes hubiera pasado por el lugar cinco minutos antes, o después, no hubiera ocurrido esa gran desgracia. Una “carga enorme de mala suerte” se suele dar en los accidentes y en otras cuestiones de la vida. Pero este mismo señor criticó la gestión de Renfe y Adif, y dijo que en la red ferroviaria española hay un problema y no se ha invertido bien el dinero. ¿Entonces? ¿Es sólo mala suerte? ¿Si te quedas dormido conduciendo, y te estrellas con tu automóvil, es mala suerte? ¿O es que no te deberías dormir? La vía de Adamuz podía estar en mejores condiciones.