LA foto de Juan Espadas saludando al nuevo arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, en la Catedral ha dado la vuelta a España. Puede ser como la foto de la tortilla, pero en versión siglo XXI, otra imagen para la antología gráfica del PSOE. Ha llamado la atención más allá de Sevilla porque a Espadas ha pasado a ser el nuevo líder del PSOE de Andalucía, y se le valora como el sepulturero político de Susana Díaz, como la esperanza blanquiverde del sanchismo converso, y no como lo que representa en esa foto: no se le ve ya como el alcalde de Sevilla. Es la imagen de un cambio de ciclo, en el Arzobispado y el Ayuntamiento. La etapa que empieza en Andalucía, con Espadas como candidato a la Junta, tiene consecuencias en Sevilla: un vacío de poder.

SIEMPRE fue y será don Manuel. Siempre tuvo el don por delante, el don del trato con respeto por ser una eminencia desde su juventud: catedrático de Derecho Administrativo a los 25 años. Pero principalmente el don que le acompañó toda su vida, para ser un hombre diferente, no de partido, ni siquiera de ideologías, sino en búsqueda permanente de la verdad, y sobre todo de la fidelidad a sus creencias. El don de ser persona, un señor, un hombre justo, capaz de diferenciar entre lo bueno y lo malo, para defender lo mejor, con todas sus consecuencias.

LAS cosas de Palacio van despacio, tienen sus tiempos. En las tertulias sevillanas se habla de Palacio y todo el mundo sabe que nos estamos refiriendo al Arzobispal, no al de San Telmo. Sevilla es, junto con Toledo, Santiago de Compostela y quizá Burgos, una ciudad donde el arzobispo tiene más rango que el alcalde, y suele ser frecuente que un arzobispo de Sevilla conviva con tres o cuatro alcaldes. El nuevo que va a llegar, José Ángel Saiz Meneses, fue nombrado el 17 de abril y tomará posesión en la Catedral el próximo sábado 12 de junio. Casi dos meses en los que Juan José Asenjo ha seguido como administrador apostólico y despidiéndose, aunque se queda a vivir como emérito en la casita de la calle Hombre de Piedra, a la vera de la Casa Sacerdotal, que de por sí es un refugio de curas jubilados.

POR segundo año consecutivo, Sevilla se ha quedado sin procesión del Corpus Christi en sus calles. Recuerden que cuando la Conferencia Episcopal trasladó la fiesta litúrgica al domingo en España (aunque el Vaticano la mantuvo en jueves), aquí se montó lo que se solía montar en otros tiempos, lo mismo que con la fiesta de la Inmaculada. Una campaña como Dios manda, para dejar las cosas en su sitio y respetar las costumbres. Por eso, la procesión siguió en jueves, y ese día se ha mantenido como fiesta local. Sin embargo, lo que no consiguió el Maligno con sus artimañas políticas, lo ha obtenido con la desescalada de la pandemia. Al Santísimo sólo le permiten asomarse a la Avenida. El arzobispo Asenjo impartirá la bendición por última vez. Y adentro. Las calles son para los botellones, pero no para las procesiones.

LOS Juegos Olímpicos de Tokio 2021 están en peligro, después de haber sido aplazados en 2020 por la pandemia. EEUU ha recomendado que sus ciudadanos no viajen a Japón y cada vez hay más presión pidiendo que los cancelen. La gente joven quizá no lo sabe y los mayores quizá lo han olvidado, pero Sevilla fue candidata tres veces a organizar unos Juegos Olímpicos: los de 2004, 2008 y 2012. Bueno, eso se dijo. Posibilidades reales nunca hubo. La candidatura presentaba defectos, entre ellos el transporte público. Una ciudad sin Metro no puede acoger unas Olimpiadas, advertían los entendidos, entre ágape y ágape. Prometieron que construirían un Metro, y ahí está: con una línea como muestra y tres en el limbo. Los Juegos Olímpicos vuelven a la actualidad. Es raro que a Juan Espadas no se le haya ocurrido pedirlos, por si acaso, aunque fueran de segunda mano y fabricados en Japón. Ha perdido la oportunidad de hablar en japonés, y de reforzar su candidatura a la Junta.