VER a la Virgen sevillana de Montserrat, con la montaña catalana de Montserrat al fondo, nos aporta la verdadera dimensión de lo que es una procesión extraordinaria. Y ver a la Virgen sevillana en un pequeño paso de palio (cedido por la Hermandad de Monte-Sión) en el santuario, debajo de la Virgen negra de universal devoción, nos lleva a las esencias de la fraternidad católica. Montserrat significa en catalán monte serrado (con s) y es como una montaña mágica, que aparece de pronto en medio del paisaje catalán. Pero Montserrat no debe ser un monte cerrado (con c) Y eso es lo que se ha visto en esta peregrinación para el recuerdo, que aprobaron los hermanos y han plasmado en una feliz realidad el hermano mayor, Juan Antonio Coto, y su Junta de Gobierno.
LA inteligencia artificial en la piedad popular podría ser un argumento para organizar en Sevilla otro congreso de hermandades y una procesión extraordinaria a la altura de las circunstancias. La Iglesia católica está preocupada y atenta con este asunto. El papa León XIV se ha referido en varias ocasiones y se rumoreó que preparaba una encíclica sobre la IA. Se ha mostrado abierto a los usos y preocupado por los abusos. A los jóvenes les pidió precaución. Es lógico. Al Papa le han preguntado si le podían crear un doble con inteligencia artificial. Un papa digital para atender audiencias virtuales. Es verídico. Y se lo preguntaron en serio, que es lo peor.
EN Sevilla, Andalucía, España y la Humanidad ha sido noticia la restauración de la Esperanza Macarena. Rehacer muy bien lo que se hizo muy mal. Pero no es sólo que vuelve, en las debidas condiciones, una imagen de devoción universal. Se ha recuperado la antigua Esperanza en el Año de la Esperanza. Hace un año, la Esperanza Macarena se encontró en la Catedral con la Esperanza de Triana, con el Señor del Gran Poder, con el Cachorro expirante, y con la Virgen de los Reyes, y con Valme, Setefilla y Consolación. Hace un año, la Esperanza era noticia por una procesión para el recuerdo. Y el 8 de diciembre de 2025, mientras se festejaba el día de la Pura y Limpia Concepción, del dogma que anticipó Sevilla, regresaba la Verdad de la Esperanza.
A la gastronomía sevillana la tienen discriminada en las guías, así se encomienden a Dios o al diablo. En la Guía Michelín, Sevilla y su provincia se quedaron entre las peores de Andalucía. Y lo más chocante es que la Guía Repsol ha inventado este año unos soletes de Navidad para repostería de conventos de clausura españoles, en los que han incluido a 27 de la península y las islas. Entre ellos, sólo uno de Sevilla y su provincia: el de las jerónimas de Santa Paula, del que destacan que son especialistas en “elaboraciones frutales, como las cremas, las mermeladas y las gelatinas”. Y los dulces de membrillo, se podría precisar, que junto a las mermeladas es lo que les ha dado más fama.
TENER un hijo es más difícil que escribir un libro y plantar un árbol, en los tiempos que vivimos. Antes no, antes España era diferente. Era un país de reprimidos y reprimidas, según decían los progres de los años 80, que hicieron la revolución sexual con 15 años de retraso respecto al mayo del 69. Pero era un país de familias numerosas. Para ganar el premio de natalidad, había que tener 20 hijos, o algo así, y te invitaban al palacio del Pardo, para una foto con el Generalísimo Innombrable. Las familias eran numerosas a partir de los cuatro hijos. Les concedían ventajas, descuentos, y becas para los estudios. Ahora también hay ventajas, pero no hay hijos. Es verdad que faltan pisos para jóvenes, y ciertos actos no se deben hacer en plena calle, o en un parque.