LA muerte de Leopoldo Martín es una noticia que parece increíble. Era uno de los mejores médicos de Cádiz, como un misionero laico de la sanidad pública, que trató en el Hospital Puerta del Mar a cientos de personas. Las mil vidas que salvó. Pero él mismo era un personaje extraordinario, dentro y fuera de la Medicina, que acumulaba otras mil vidas, intensamente apuradas. Tantas que sólo las podía entender él mismo.

TAMBIÉN es casualidad, y mala suerte, que el horrible caso del naufragio de la patera de juguete se haya conocido mientras el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, era recibido en Marruecos por el rey Mohamed VI. ¡Qué suerte tiene Rajoy de estar registrando propiedades! Si le pilla de presidente le hubieran endosado los nueve muertos. Con esto no quiero decir que la culpa sea de Sánchez, al contrario. Alerto de que la demagogia y la manipulación de los partidos contribuyen a que no se resuelva este problema de la migración. La culpa, en este caso, es del mafioso hijo de la gran p… que le dio una patera de juguete (es decir; una barquita de plástico con un remo) a 10 muchachos desesperados para que cruzaran el Estrecho.

TODOS los inventos modernos son para cargarse el empleo. Ahí están los robots de Astilleros, que algunos jalean, mientras se negocia el rejuvenecimiento de la plantilla. Ya veréis, ya, los jóvenes. ¿Y el Internet? ¿Y la I+D+i? ¿Y las redes sociales? ¿Y el Black Friday? ¿Y el Ciber Monday? El alcalde González presidió un acto en el que dijeron que van a crear 130 empleos en un hotel virtual. ¿Cuántos empleos ha creado el Ayuntamiento de Cádiz, desde que él iba a arreglar el paro y la emigración? En esas estamos. Lees el Diario y todo es una tragedia, menos cuando gana el Cádiz bajo la lluvia. Y así hemos llegado al gran día: el viernes del Black Friday. Y sin carteros, según ha denunciado el sindicato de clase CCOO.

UNA cosa es ser independiente y otra diferente ser independentista. Al menos, hay que agradecer al alcalde de La Línea, José Juan Franco, que se conforme con presidir una ciudad autónoma, al modo de Ceuta y Melilla, en vez de declarar la independencia de la República de la Línea de la Concepción. O incluso proclamar el Cantón Linense, al modo de nuestro Fermín Salvochea, con el que guarda un remoto parecido. En las campañas electorales aumenta la producción de paridas, eso ya se sabía. Pero nadie se esperaba algo semejante.

EN el Casino Gaditano, José Ramón del Río no sólo presentó su libro de artículos Desde el Fénix, sino que recibió un homenaje. Había conseguido reunir “al todo Cádiz y a gran parte de Vistahermosa”, como le dije antes de empezar. A sus amigos, como los calificó él. Y era un homenaje no sólo por el libro, sino por todo lo bueno que le ha dado a Cádiz, como el gaditano “cabal riguroso y ético” que es. Mon del Río se fue a vivir en 1962  a un piso de El Fénix, donde después tuvo su bufete de abogado. Fue la atalaya privilegiada de un vigía que observó ese Cádiz que se perdía. Como lo había visto antes, de niño, cuando vivía en un piso de San José, esquina a calle Ancha, justo encima del bar Liba.