DESDE la mitad del siglo pasado, puede que desde los tiempos más prehistóricos de la memoria histórica, se viene diciendo que en Cádiz no hay sitio para nada. A la misma vez se viene diciendo que Cádiz se está quedando despoblada. Sin embargo, todavía hay gaditanos y forasteros que viven en Cádiz, ciudad muy solicitada para segundas residencias, o incluso terceras. Y en Cádiz hay lugar para todo, si ustedes se fijan bien. Hay sitio hasta para abrir comercios en la calle Columela, o para hoteles y facultades en Valcárcel. ¿Y el solar donde iban construir la Ciudad de la Justicia? ¿Y el solar de Puntales para el hospital de la Junta? ¿Y los depósitos de Tabacos, donde van cambiando el uso sin hacer nada. ¿Y el suelo de la Zona Franca, donde abren supermercados Carmela, por abrir algo que no sea una gasolinera?

EL Gobierno de la nación considera ricos a todos los que no son totalmente pobres. Y a los que no son votantes del PSOE o de Unidas Podemos los catalogan como fachas, franquistas, enemigos de la democracia, antisociales, ultras y todo lo que se les ocurra. Esas diferencias entre buenos (los suyos) y malos (los demás) hay que tenerlas en cuenta, porque según su modo dualista de percibir el mundo, los malos, los ricos y los fachas nunca van a estar contentos y siempre se van a quejar. Y eso ocurre porque atacan a la clase obrera, suponiendo que haya obreros y clase en el Gobierno. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. La práctica es, por ejemplo, el recibo de la luz y sus circunstancias.

ES un éxito que hayan inaugurado el Museo de Camarón en San Fernando. Como suele pasar con los museos de esta tierra, su puesta en marcha no ha sido fácil. Pero lo abrieron para las visitas, con las restricciones de la pandemia eterna. La apertura debería servir de recordatorio para Cádiz, una ciudad muy culta (leído sea con cierta ironía), donde los museos son vilipendiados, y de ellos se habla mucho y se hace nada o muy poco, por lo que se diluyen en el tiempo. Cádiz es una ciudad con proyectos de museos fantasmagóricos. Por eso, el de Camarón viene a demostrar que todo lo que no se abre al público es un museo inútil, una estratagema o un cuento chino.

EN estos días, cuando se sigue hablando y escribiendo de José María Pemán, a la espera de que se pronuncie el Ayuntamiento sobre la lápida, conviene una referencia a lo que más se debería conocer: su obra escrita. Olvidada, cuando no maltratada, como casi todo lo suyo. Las editoriales no reeditan a Pemán. Por eso, muchos caricaturizan su obra literaria sin haberla leído. En 2006, cuando yo era director de Diario de Cádiz, publicamos ocho libros, que formaban la Biblioteca Pemán. Una antología con edición y selección de Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier, profesora titular de Literatura Española de la Universidad de Cádiz, a la que considero la mejor especialista actual en la obra de Pemán, que estudió con rigor. La Biblioteca Pemán incluía tres libros de memorias, dos de teatro y uno, respectivamente, de poesía, narrativa y artículos.

DOS escritores gaditanos aparecen en las listas de los 10 libros más vendidos en España. En contra de lo que algunos pudieran pensar, no son José María Pemán y Rafael Alberti. Tampoco Fernando Quiñones ni José Manuel Caballero Bonald. Y no lo digo sólo por citar a autores ya difuntos, sino que tampoco son de vivos que venden libros, como Jesús Maeso de la Torre o Benito Olmo. Los dos escritores gaditanos que aparecen en la lista de los 10 más vendidos son Paz Padilla y Joaquín Sánchez. Se les conocían otras habilidades, como ser una diva de la televisión o un hábil futbolista, respectivamente, pero nunca serían incluidos por Luis María Anson entre los 100 mejores poetas de España, los 15 mejores dramaturgos, ni los dos mejores articulistas del siglo XXI. No obstante, ahí están, vendiendo libros hasta en Hipercor, como si fueran langostinos o almejas.