EN estos tiempos pandémicos a todas las instituciones se les ha ocurrido hacer un pacto para reactivar la economía, mientras la pobre economía está por los suelos. Al Gobierno de la nación, a la Junta de Andalucía y también a los ayuntamientos. Unos se firmaron con más éxito que otros, y algunos no se han firmado. El más admirable ha sido el de Sevilla, donde el alcalde socialista Juan Espadas consiguió que PSOE, PP, Ciudadanos, y además Adelante y Vox, apoyaran el pacto. Es decir, todo el arco iris político, desde la extrema izquierda a la extrema derecha. Si no reactivan Sevilla, se comprobará que estos pactos no sirven para nada. En Cádiz van con retraso y con ideas confusas.

POR culpa del coronavirus, hasta el buque escuela Juan Sebastián de Elcano empezará su vuelta al mundo como si fuera un viaje a puerta cerrada. Se perderá la tradicional estampa de la despedida en el muelle de Cádiz. El próximo lunes, día 24, zarpará de La Carraca, sin ceremonias efusivas. Y, además, los guardiamarinas no se incorporarán hasta diciembre, aunque el resto de la dotación va con las pruebas PCR ya realizadas y con dos semanas de cuarentena. Por culpa del coronavirus, han cambiado los planes del viaje. Con razón, porque entre las escalas estaba el Brasil de Bolsonaro, uno de los países más afectados por la pandemia. Así que la primera escala será en Montevideo, la capital de Uruguay, el país hispanoamericano que mejor ha capeado este asunto. Es posible que cambien las escalas en los puertos a visitar. La vida de los marineros siempre fue de alto riesgo, pero tampoco van como lobos de mar a jugarse el pellejo.

LA dimisión de David Navarro como concejal de Adelante Cádiz llegó en el momento de pasar más desapercibida: en el fragor del verano. Aunque era el concejal de Playas, entre otros asuntos. Tampoco olvidemos que no era un concejal más, como otros que se fueron o no repitieron en las listas, sino que en el primer mandato de Kichi fue el principal apoyo del alcalde. Se podría decir que el único, ya que los demás le sirvieron de poco. A Martín Vila se lo encontró, procedente de IU, y se había presentado en otra lista, la de Ganar Cádiz. Entre las bajas de 2019, se puede recordar a María Romay, que cumplió una aceptable labor de relaciones públicas con las Fiestas. Para los cambios, fichó a Lola Cazalilla, con más pretensiones culturales, y le dio galones a los asesores colocados.

LA inspiración de Brahms nos dejó Un Réquiem alemán, pero al de Verdi no se le conoce como un Réquiem italiano, a pesar de serlo en su esencia. En la historia de los pueblos se va quedando un patrimonio colectivo, que forma parte de su personalidad. Hoy el Réquiem italiano es también gaditano, y suena por Gianni Campo, el propietario del Salón Los Italianos. Con él se ha muerto una parte de ese Cádiz que lucha por sobrevivir en la decadencia, que sigue con la esperanza de atisbar una orilla que no se acerca, sino que se aleja, y que se percibe en la conciencia como una utopía. A Gianni Campo no se le puede despachar al otro mundo sólo con un día de luto oficial. Con él se ha apagado otra vela del tiempo perdido en Cádiz.

ERAN otros tiempos. Era cuando la gente podía ir al estadio Carranza (que se llamaba así y a nadie le parecía mal) para ver partidos de fútbol. No guardaban las distancias de seguridad, y llamaban guapetón al árbitro. A veces, cuando ganaba el Cádiz con buen juego, de pronto se oía en el estadio: “¡Que viene, que viene!, ¡Que viene la ola!”. Hay que ver lo que ha cambiado la vida. Ahora se dice lo mismo para acongojar. La gente ha criticado al doctor Simón porque se fue a practicar surf a Portugal, antes de agradecer que no vinieran turistas a España. El doctor Simón es un especialista en olas. Y ahora suena igual que en aquellos tiempos, cuando iba la afición al estadio Carranza, que se llamaba Carranza. ¡Que viene la ola!