SU padre era obrero de Astilleros y su madre ama de casa, y él fue “el secretario de Pemán”. Y lo fue durante los últimos 25 años de vida de don José María. Antonio Llaves Villanueva era un gaditano dedicado a Cádiz; y por encima de todo un hombre bueno, un católico consecuente, que se preocupó por servir a los demás. Ha fallecido a los 87 años, aunque desde hace algún tiempo permanecía retirado de la vida pública, en su piso de la plaza de Candelaria. Apenas salía de casa para ir con su familia, en la sillita de ruedas, a la misa de una de los domingos en San Agustín. Tras superar varios ictus, su vida se iba apagando, como si fuera el último cirio de su Virgen de la Esperanza.

TOQUEMOS madera de paso de Cristo, pero sin llevarnos el dorado en el dedo. Toquemos madera, porque hasta ahora Cádiz es una de las provincias con menos casos en el reparto del coronavirus. Como aquí nunca toca nada, y en Madrid toca todo, en la capital es donde hay más casos, como si hubieran comprado las papeletas para el sorteo de los coronavirus en doña Manolita, o en doña Pepita, o en donde sea. ¿Por qué en Cádiz hay menos casos? Pudiera ser porque a Cádiz vienen menos extranjeros que a otras ciudades, a pesar de los cruceros. Chinos de Wuhan apenas han venido. Italianos de Lombardía tampoco llegan muchos.

EN Cádiz la gente es muy graciosa. Hasta en las grandes tragedias aparece el sentido del humor negro, sin duda por influencia del Carnaval. Véase lo que está ocurriendo con el coronavirus. Aquí apenas ha llegado. Aquí todo llega tarde, o no llega, en este caso gracias a Dios. Pero están hablando de unas medidas de emergencia, que suenan a guasa. Como el teletrabajo. ¿Se puede teletrabajar en Cádiz? ¿El alcalde Kichi teletrabaja en su pisito viñero, mientras Juancho Ortiz lo acusa de flojo? Sería mejor empezar por trabajar en condiciones normales. Entre el teletrabajo del coronavirus y los robots de astilleros no van a parar hasta que esté todo Cádiz al sol. Así que cuidado, no vayan a abarrotar la playa como el día de los duros antiguos y se contagien allí las criaturitas. Puede ser peor el remedio que la enfermedad.

LA asistencia social en Cádiz ha mejorado, pero es mejorable. La reciente inauguración de un centro municipal para personas sin hogar, dedicado a nuestro ilustre paisano Fermin Salvochea, ha vuelto a poner de actualidad a este colectivo. En el Diario se ha publicado un amplio y documentado informe. Se confirman datos anteriores, porque la concejala de Servicios Sociales, Helena Fernández, ya dio a conocer un estudio elaborado con la inestimable aportación de voluntarios, pertenecientes a las entidades que trabajan con estas personas. Según ese informe, en Cádiz hay 103 transeúntes sin hogar (lo que supone casi uno por cada mil habitantes), de los cuales hay españoles y extranjeros de cuatro nacionalidades (Rumania, Marruecos, Mali y Colombia), y con un 15,5% de mujeres (en 2010, cuando se hizo el primer censo, sólo eran el 4,5%) y una edad media que ha bajado en torno a los 43 años.

PASÓ el tiempo de los jartibles. Se suele decir que la Cuaresma en Cádiz es más corta que en el resto del orbe cristiano. Y, a continuación, echan las culpas al Carnaval, que en la mayoría de las ciudades civilizadas acaba el martes de ídem, y apenas se prolonga, si acaso, a esporádicos festejos el domingo de Piñata. Esa deducción se ha convertido en un tópico que carece de fundamentos. La culpa no es del dios Momo, ni de la bruja Piti, la culpa es de doña Cuaresma, que en Cádiz no se da a valer, y se resigna, y se queda encerrada, o sencillamente se va a Sevilla o a Jerez, que serían tierras mejor abonadas por la buena semilla, como paraísos apartados de las groserías fuera de temporada.