LA provincia de Cádiz afronta una situación de emergencia extraordinaria. La Junta decidió ayer desalojar Grazalema al completo ante el riesgo de movimientos sísmicos por la acumulación subterránea de agua, tras las lluvias torrenciales. Una medida insólita, para un riesgo excepcional. En Grazalema están estos días unas 1.200 personas. También hay desalojos en otros municipios de la Sierra y peligro de desbordamiento del río Guadalete por los desembalses de los pantanos de Arcos y Bornos. La Sierra, desde Ubrique a Arcos, está sufriendo las graves consecuencias de Leonardo, que se ha sumado al tren de borrascas. Hay temor a lo que ocurra con las lluvias que anuncian para mañana, que podrían ser intensas. Y llueve sobre inundado.

En Cádiz y otros municipios de la Bahía hay daños, pero la situación no es tan grave como en Grazalema, el resto de la Sierra, el entorno del Guadalete y la zona del Guadiaro en el Campo de Gibraltar. No obstante, las consecuencias afectan a toda la provincia. Ríos desbordados, barriadas inundadas, carreteras cortadas, que ayer llegaron a afectar a la autopista AP-4, en el tramo entre los términos de Jerez y Puerto Real, y asimismo a las dificultades para circular entre Cádiz y San Fernando por la autovía.

Esta provincia, que ya suele estar aislada por los problemas de las deficientes infraestructuras que padece, se ha quedado ahora en una situación de emergencia extrema como no se había padecido desde hace mucho tiempo. Con unas previsiones meteorológicas que, según dijo ayer el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, obligan a estar en alerta en las próximas horas.

En esta situación tan difícil hay un aspecto positivo. Me refiero a la lección de ejemplaridad que están dando los vecinos de Grazalema, y, en general, los desalojados por inundaciones. Con solidaridad y un esfuerzo sobrehumano. Con la máxima colaboración y sacrificios personales. Atendiendo las indicaciones de las autoridades, incluso cuando son medidas muy duras, como abandonar las casas donde viven. No es momento de hacer comparaciones odiosas, pero muchas personas han recordado lo que sucedió en octubre de 2024 en Valencia con la dana. Y entonces el acumulado de precipitaciones fue inferior al que se está registrando estos días en Grazalema, aunque allí la mayoría de las víctimas fueron causadas por las aguas del barranco del Poyo.

Grazalema estaba habituada a la lluvia. Y estos días ha demostrado que tiene personas extraordinarias para una emergencia extraordinaria.

José Joaquín León