SE suele decir que las expectativas gaditanas se mueven por las tres C de sus pasiones: el Carnaval, las cofradías y el Cádiz CF. El Carnaval ya ha terminado este año, o eso se supone, a pesar de los jartibles. Las cofradías han empezado la Cuaresma, con su temporada alta de actos y cultos que llevarán a la Semana Santa. Y el Cádiz CF puede descender a la Segunda B (ahora llamada Primera Federación) y volver al pozo, como en sus peores tiempos. Está pasando lo mismo que llevó al penalti fallado por Abraham Paz en Alicante. Cuando entra el desasosiego, porque no se va a ascender ni por un milagro, bajan los brazos (digo los pies) y se van en picado a hacer puñetas.

Al parecer, le han dado un ultimátum al entrenador Garitano para el partido de Éibar. Los deportivamente correctos (y los compadres de los entrenadores) suelen decir que el cambio en el banquillo no es la solución para un equipo. ¿Ah, no? Ahí tenéis al Castellón, que empezó fatal, echaron al entrenador, y con Pablo Hernández se ha ido arriba como si fuera un cohete. Como en todo, los hay mejores y peores. El problema viene cuando echan a un entrenador malo y ponen a otro peor, que también pasa, como con Pellegrino, por ejemplo. Hay que acertar con los recambios, llegado el caso.

El entrenador Gaizka Garitano ha perdido los papeles y no los está encontrando. Cuando un entrenador dice que los futbolistas son muy jóvenes, que no saben tener el balón, y que eso que ven ustedes es lo que hay, está jugando con fuego. Traducido significa que los futbolistas son unos mantas y que la culpa es de ellos. Pero son los  mismos que pusieron al Cádiz arriba en la primera vuelta, cuando peleaban por el ascenso. Es verdad que se han notado algunas bajas por lesión, como Kovacevic y Suso. Pero si uno de los mejores futbolistas de la plantilla, como es Ontiveros, está en modo gordito feliz, eso es culpa del entrenador en parte. Y no sólo tiene a chavalitos. También a Brian Ocampo, que fue internacional con Uruguay. Y a jugadores veteranos, que no juegan, o aportan poco cuando les concede los minutos finales.

Motivar y estimular a una plantilla, aprovechar lo que hay, es responsabilidad del jefe. Garitano parece sensato, pero no está gestionando bien a futbolistas mandangosos, que necesitan un entrenador que los espabile, y que no se resigne a que estén ausentes de espíritu. También  se debe plantear si los que alinea como titulares (desde el portero al extremo izquierdo) son los mejores. ¡Ojo! Se ve venir: la tercera C está en peligro. Todavía no es demasiado tarde.

José Joaquín León