EN la víspera del Pregón de la Semana Santa de Cádiz falleció Martín José García Sánchez. Había sido presidente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, en tiempos difíciles, en los que supo abrir una nueva etapa para las hermandades gaditanas. Su labor fue extraordinaria, y no exagero, porque lo pude vivir de cerca. Martín José no era un capillita, quizás no conocía algunos detalles del folklore de las cofradías. Pero era un buen cristiano, que es el requisito principal para ser un buen cofrade. Pues de poco vale conocer el nombre de una marcha, si no se practica el amor a Dios y al prójimo.

Martín José era gaditano, aunque pasó su infancia en Cortegana (Huelva), tierra de buenos jamones. Era un personaje de amplio recorrido en la ciudad. Fue directivo del Cádiz CF y estaba orgulloso de ser el presidente del histórico Balón de Cádiz. Era un cualificado abogado, al frente del bufete Atela, en el que creó dinastía con sus hijos Martín y Javier, también juristas. Persona de vida familiar, muy unido con su esposa Carmen Marichal. Era padre de cuatro hijos (dos hombres y dos mujeres) y estaba orgulloso de sus nietos.

Martín José era eso y mucho más. Pero, como se ha dicho al principio, era por encima de todo un cristiano comprometido. Durante muchos años fue presidente de la Asociación de Amigos de Tierra Santa. A esa Tierra Santa, que ahora está en guerra, viajaron en peregrinaciones cientos de gaditanos, con Martín José y fray Pascual Saturio al frente. La Virgen del Rosario y el Nazareno del Amor estaban entre sus devociones.

Hay que valorar muy especialmente su labor en el Consejo de Hermandades. Fue un salvador para las hermandades gaditanas, en unos tiempos revueltos. Martín José le dio al Consejo otro aire. Había sido asesor jurídico con Rafael Corbacho y Miguel García Díaz. Pero, cuando hubo un vacío de poder, estaba claro que sólo él podía ser el presidente. Yo fui uno de los que lo propuso, en una asamblea plenaria de hermanos mayores. Sabía rodearse bien. Y para su primera junta fichó a dos cofrades de Vera Cruz, a Juan Carlos Jurado como vicepresidente y Emilio Bienvenido como tesorero, y mantuvo a Antonio Gallarín como secretario, cargo que ejerce a perpetuidad y no se concibe de otra manera. Trabajó en equipo.

Martín José fue un gran presidente, y no sólo en 2012, en los eventos del Bicentenario, con los actos y exposiciones organizados por las hermandades, que les dieron otra dimensión en la ciudad. Descanse en paz. Su nombre permanecerá con letras de oro en la memoria cofrade.

José Joaquín León