LOS Viernes de Dolores son territorio de la nostalgia. El Viernes de Dolores es como un Viernes Santo que se anticipa. Todos los dolores se resumen en las lágrimas de la Virgen que sale de San Lorenzo, cuando Cádiz se ofrece como un pañuelo para recibir su llanto, que no se oye, pero se siente. Mientras suena la música de la banda de Tejera, en el recuerdo de otros años, cuando una muchacha iba detrás de un paso, pero ya está en el cielo con Ella. O cuando teníamos a otras personas a nuestro lado, y no las vemos, pero las sentimos en el cielo de la primavera, como si volvieran a darnos la mano, durante un tiempo efímero, que sólo existe en el ámbito perenne de esa nostalgia.
Saldrás a las calles gaditanas desde San Lorenzo. Volverá a sonar la música. Atrás quedarán las mañanas y las tardes de otros Viernes de Dolores, cuando era el día de las Lolas. Para mí, el día de la madre nunca se celebró en mayo, será siempre el Viernes de Dolores. De todas las madres que acumulan el llanto por sus hijos. De todos los hijos que acumulan el llanto por sus madres. Y entonces se entiende por qué la procesión es siempre una penitencia espiritual, que no es física, porque no duele el cuerpo, sino el alma, porque no se nos escapa lo que vemos, sino lo que vivimos.
Y hoy, como tantas veces, vuelvo a T.S. Eliot, que nunca fue un cofrade, ni vio los pasos, pero es el gran poeta de la verdadera Semana Santa: ¨¿Dónde está la vida que perdimos en vivir?”. Podría parecer que todos los esfuerzos son inútiles. Pero la memoria perdura y le da brillo a la luz que nos rescata del olvido. Cuando la Virgen de los Dolores sale de San Lorenzo, la tarde es un reflejo de esa vida que se pierde y reaparece.
Sonará una flauta en el recuerdo. Ya no estará María del Mar Tristán con la banda de Tejera. Se fue muy pronto, murió muy joven. Su padre la llevó a que se despidiera del mar de Cádiz, a la Caleta, en un día triste de verano. Muy cerca, en su templo, estaba la Virgen de los Dolores. Su padre la lleva siempre sin llevarla, cada vez que la banda sale a las calles. Sintiendo en cada marcha su ausencia, para convertirla en presencia.
Dolores en las calles y las plazas de la nostalgia. Los Viernes de Dolores serán Viernes de nostalgias. Las marchas musicales sonarán con diferentes ecos. El viento de levante soplará por las esquinas, como si escaparan lamentos perdidos de otros tiempos. En esas lágrimas de la Virgen se intuye la esperanza de que ningún esfuerzo se hizo en vano. Y que bastaría con mirar sus Dolores en los ojos para creer que su amor nos salva.
José Joaquín León
