ANTES o después, pero todas las grandes imágenes de Jesús en la Semana Santa española tienen un autor conocido. Se sabe en Sevilla que Jesús del Gran Poder es obra de Juan de Mesa, el Señor de la Pasión es de Juan Martínez Montañés y el Cristo de la Expiración (Cachorro) es de Francisco Antonio Gijón. Se sabe en Valladolid que el Cristo Yacente es obra de Gregorio Fernández. Se sabe en Murcia que el Señor y los apóstoles de la Santa Cena son obra de Francisco Salzillo. Sin embargo, en Cádiz no se sabe quién es el autor del Cristo de la Buena Muerte. Y así todas las hipótesis siguen abiertas. Y todas las atribuciones son especulativas, pero no demostrables. Es un misterio.
Hasta los primeros años del siglo XX, todas las grandes imágenes de Cristo sin autor documentado se atribuían de oficio a Juan Martínez Montañés. El Cristo de la Buena Muerte de Cádiz también. Ya en el siglo pasado, algunos expertos apuntaron que los rasgos estilísticos no concordaban con las imágenes montañesinas y se abrieron atribuciones que lo acercaban a Alonso Cano. Mientras, quizá con menos fuerza, se especulaba con la autoría del círculo de José de Arce, Jacinto Pimentel o Alonso Martínez, que habían trabajado en Cádiz y que seguían la escuela del barroco sevillano.
En tiempos más recientes, el Cristo ha sido relacionado con imagineros italianos. El investigador gaditano Miguel Ángel Castellano ha incidido en esa teoría, en concreto con Alessandro Algardi. Los pintores Antonio Álvarez del Pino y Daniel Franca también lo han relacionado con la escultura italiana de aquel tiempo. En el caso del primero, incluso con el entorno de Bernini. Recientemente, Carlos Maura, historiador del arte gaditano, lo ha vinculado con imágenes realizadas en Perú. Sin embargo, ninguna de las atribuciones se puede demostrar con un documento que la acredite.
Al Cristo de la Buena Muerte le escribió un memorable poema José María Pemán. Y el propio Pemán definió a Cádiz como “señorita del mar” y “novia del aire”. Y como “un poco genovesa y un poco peruana”. El Cristo de la Buena Muerte, a su modo, es Cádiz convertida en el Crucificado. Es el Señor de los mares gaditanos. Es el Señor de los cielos gaditanos. Y su origen pudiera ser “un poco genovés y un poco peruano”, en esa serenidad que nos enseña desde la cruz, tronchado como una rosa que en el madero reposa, bajo el cielo negro del Viernes Santo.
Puede que algún día se descubra el documento que certifique el autor. O que el autor sea Dios, que envió a Cádiz la imagen exacta de su Hijo.
José Joaquín León
