UNO de los principales problemas de Cádiz es que se está perdiendo la tolerancia. Cádiz es una ciudad tolerante. Desde los años de la Transición, quizás incluso en los últimos tiempos del franquismo. Era uno de sus signos de identidad, una herencia de su pasado liberal, un símbolo de la huella que dejó la Constitución de 1812. Y fomentado también por el Carnaval. Esa tolerancia ha favorecido la convivencia entre personas de diferentes ideologías, de derechas e izquierdas, religiosos y ateos, gaditas y forasteros. Las ideas no se aplicaban con sectarismo excluyente. Y cualquiera puede tener amigos de todas las ideologías.
En ese cultivo de la tolerancia liberal a la gaditana ayudaron los partidos de derechas y de izquierdas desde los primeros años de la democracia. La UCD y AP, después el PP y Ciudadanos, por un lado. Por otro lado, el PSOE, PCE e Izquierda Unida. Al PSOE gaditano hay que reconocerle, incluso desde antes de Carlos Díaz en la Alcaldía, que ha sido tolerante y respetuoso. Por ejemplo, al PSOE de entonces no se le ocurrió quitarle el nombre de José María Pemán al teatro del Parque, aunque tenía mayoría en el Ayuntamiento. Y los socialistas gaditanos han sido ejemplares en la tolerancia, desde Carlos Díaz y sus concejales hasta Fran González, pasando por Rafael Román, y todos en general. Como lo han sido dirigentes significados del PP. En una entrevista dijo Pepe Blas Fernández que quizás tenía más amigos socialistas que de los suyos. Y, más allá de las exageraciones, a nadie se le miraba el carné ni se le vetaba.
Se debe reconocer asimismo que José María González fue un alcalde tolerante en lo personal. Kichi no ha sido sectario, incluso tuvo detalles con los rivales. Pero no se puede decir lo mismo de otros miembros de lo que se denomina Adelante Izquierda Gaditana. El sectarismo está creciendo. Probablemente, por influencias externas. Y, a pesar de que el actual alcalde, Bruno García, es muy tolerante, tanto que a veces se mimetiza con sus rivales, y pasa por el aro con facilidad para cuestiones donde debería mantenerse más firme y más de acuerdo con sus votantes.
La tolerancia gaditana se está perdiendo y es una pena. Aquí la reconciliación de la Transición caló con facilidad. Respondía al talante liberal que se le supone a esta ciudad, constitucional y respetuosa con los derechos de todos. El odio se atiza desde fuera y no hay que asumirlo. Pero eso nos lleva a otra consecuencia a la que me referiré: el supremacismo ideológico excluyente, que intenta imponer un sector de la izquierda ultra.
José Joaquín León
