CUANDO Luis María Anson era director de ABC, escribió que se debe valorar y elogiar el mérito allá donde se encuentre. En el periódico de los Luca de Tena, entonces bastión de la monarquía liberal, escribió José María Pemán muchos años. Anson fichó como columnista a Francisco Umbral, escritor afín al PCE, que pasó de El País a ABC y después a Diario 16 y El Mundo con Pedro Jota Ramírez. Por cierto, Umbral definió a Pemán como uno de los mejores articulistas españoles del siglo XX. En aquellos primeros años de la democracia instaurada, se tenía claro que, en la literatura, existen buenos y malos escritores, más allá de sus ideas.
Ya que se escribe de Umbral, posiblemente fue el mejor articulista español del siglo XX, junto con José María Pemán, César González Ruano y Antonio Burgos, entre otros. Umbral defendió los méritos de escritores falangistas como Rafael Sánchez Mazas o Agustín de Foxá. También apuntó que algunos escritores españoles del exilio estaban sobrevalorados. A eso le podemos añadir que otros que se quedaron, como Ignacio Aldecoa o Juan García Hortelano, siguen infravalorados. Y que el mejor prosista español del siglo XX, que es Camilo José Cela, durante un tiempo fue calificado de social por La colmena, pero hoy se le considera incluso facha. Y ya no le perdonan que participó en la guerra civil con las tropas de Franco. Aunque ganó el Nobel de Literatura en pleno felipismo: en 1989.
Hoy parece que la literatura debe ser políticamente correcta, y sometida al supremacismo de la izquierda unida o desunida. Casi todo es para ellos. Le dedicaron la estación de Atocha a Almudena Grandes, a pesar de que en Madrid han nacido decenas de escritores y escritoras aún mejores que ella, aunque no hayan sido simpatizantes de IU. La estación de tren de Córdoba se la han dedicado a Julio Anguita, un alcalde comunista, que no era un poeta como Luis de Góngora. Y el puente Carranza se lo quieren dedicar a Rafael Alberti, también comunista, que es el mejor poeta gaditano de todos los tiempos; pero, si se basan en la guerra civil, sus paseos se pueden consultar en las biografías.
En los honores y predilecciones del Ayuntamiento de Cádiz hay algunos muy merecidos y objetivos, como el de Ildefonso Marqués, que se lo han concedido con retraso, o el de El Selu. Pero otros están escorados a la izquierda, por agradar. Aunque se le entregue una medalla a la Virgen de una hermandad, para que protesten ellos, mientras les han colocado en la lista a varios amigos. El supremacismo ideológico en Cádiz es así: avanza, porque hay cobardes que colaboran o se callan.
José Joaquín León
