HUBO un intento, que no prosperó, para batir el récord Guinness de las barbacoas. Al final, las barbacoas perecieron en el intento. Pero ahora es mejor: podemos batir el récord Guinness de echar entrenadores de fútbol. En apenas cinco meses (con las vacaciones por medio), el Cádiz ha echado a tres entrenadores: Gaizka Garitano, Sergio González e Imanol Idiákez. Puede ser que el cuarto entrenador, Albert Celades, no se coma los polvorones, como se decía antes; o ni siquiera los huesos de santo en noviembre, el mes de los difuntos. Con la trilogía de eclipses, que ya ha comenzado, están ocurriendo fenómenos que nunca vimos.

En el Cádiz CF están siguiendo la doctrina de Jesús Gil, aquel presidente del Atlético de Madrid, que acabó como se sabe por sus asuntos de Marbella. Jesús Gil echó a seis entrenadores en una temporada. En unas declaraciones al diario As dijo: “Puedo echar a 20 en un año. Hasta 100, si hace falta”. No llegó a tantos. Tuvo 38 entrenadores en 16 temporadas, lo que supone una media de solo 2,37 por año, menos que el Cádiz en 2026. Ahora está Simeone, que ejerce en el Atlético desde 2011, por lo que pronto va a cumplir 15 temporadas sin que lo echen. El Atlético ha ido mejor con un solo Cholo que con los 38 defenestrados por Jesús Gil.

El Cádiz CF ha caído en el gilismo. Esta temporada se presenta rarísima. Se fue, de repente, Manuel Vizcaíno. Ahora el nuevo presidente es Christian Septien, mexicano residente en Madrid, al que hay que darle los 100 días de gracia. Por lo que no le deben gritar “¡Vete pa México, no te queremos!”, antes de mitad de noviembre. El Cádiz, antes de echar a Idiákez, había echado a media plantilla, entre ellos casi todos los titulares que perdieron nueve partidos seguidos en casa. Esos que se lesionaron, o fueron retirados de la circulación por Idiákez, para los últimos cinco partidos decisivos. Menos a Ontiveros, que estaba echado de palabra y se queda. Cuando han echado a tantos futbolistas, será por algo. Quizás por su inestimable ayuda para echar a los tres entrenadores.

Pero hay novedades. Esta temporada, en vez de fichar a futbolistas de Segunda B o que habían descendido (como en la anterior), han venido algunos que habían ascendido. En la pretemporada y el Trofeo se ha visto cierto descontrol. Idiákez aspiraba a que jugasen al fútbol, una utopía que ni se intentaba en otras temporadas. Así ha terminado. Finito. Llega Albert Celades, que no sabemos si sabe a dónde llega.

Al comenzar la temporada, rodeados de majaretas, pidamos a la Virgen del Rosario y al Nazareno de Santa María que sean propicios a los milagros.

José Joaquín León