AL llegar el 1 de septiembre, en este país se considera que el verano ha terminado. Empieza un nuevo curso, que es como un año nuevo. En realidad, el verano del almanaque empieza con San Juan Bautista y termina con San Miguel. Al primero le cortaron la cabeza, pero el otro lleva la espada en la mano. Empieza con las noches más largas y termina con un veranillo otoñal, aunque septiembre llega con una ola de calor. Pero aquí, a partir del 31 de agosto, ya no se piensa en modo veraniego. Siempre se recordará, como excepcional, el verano del 26. Hay algunos veranos que marcan las vidas. Se suele pintar el verano como un tiempo alegre, propio de la juventud. La primavera sería la infancia, el verano la juventud, el otoño la madurez y el invierno la vejez. Las dos primeras estaciones tienen mejor acogida popular que las dos últimas, aunque para la poesía todas son líricas, emblemáticas, melancólicas, esdrújulas en general.
El verano del 26 comenzó con las alegrías del Mundial de fútbol. Aún en primavera, había empatado España con Cabo Verde, y ya se estaba buscando nuevo seleccionador. En el fútbol, cada partido tiene una historia diferente. Y así España ganó el Mundial, después de haber sido, sin discusión, la mejor selección del mundo. A partir del 19 de julio, La Roja se convirtió en La Blanca, el color de la camiseta que más se ha vendido, porque sirve para la moda casual de las adolescentes. Ahora a las señoritas les gusta el fútbol, y han puesto de moda La Blanca, para ir a la playa, salir de copas, o lo que sea. La camiseta multiusos.
El verano del 26 nos dejó horribles incendios forestales, algunos con víctimas mortales, como el de Los Gallardos, en Almería, y otro, como el de Niebla, en Huelva, en el que parecía que iba a arder toda Andalucía, porque era “incontrolable”. En este país casi todo era ya “incontrolable”. Y pasó lo de Ceuta, aquel 31 de julio, que dio combustible a los medios de comunicación desde entonces. y lo que queda. En este verano no hubo portadas con plagas de medusas, sino con plagas como las antiguas de la Biblia.
Parecía un maleficio. Y llegó el eclipse total, que dio un respiro a don Pedro para seguir descansando. A partir del día de la Virgen de Agosto, ya todo el mundo sabía que en España tenemos un Gobierno de zombis. Fantasmas aparecían en Ceuta, con mensajes crípticos, que no entienden ni ellos. El verano, que empezó con magia en el Mundial, reviró a un realismo mágico y sádico que perturba las conciencias. Se escuchaba la Superestrella, de Aitana. No quedará una banda sonora romántica para el verano del 26.
José Joaquín León
