ENTRE Cádiz y Ceuta está el estrecho de Gibraltar. La visita de los Reyes de España a Ceuta, que comenzó ayer, y se prolongará hoy en Melilla, es un testimonio necesario para reafirmar la españolidad de estas dos plazas de soberanía en África, como se las llamaba en tiempos. No es solo un gesto, sino principalmente una declaración de intenciones. Sin embargo, es un error ese odio a Marruecos y los magrebíes, en general, que se está cultivando, tras la invasión aleatoria de finales de julio. Con los marroquíes, que en otros tiempos dependían de Francia y de España, se ha convivido durante mucho tiempo. En Ceuta y en Melilla, en el Sahara español, y también en Tánger y Tetuán.

En las calles de Cádiz, en la posguerra, incluso hasta los años 60 del siglo pasado, se vendía el diario España de Tánger. Solía llegar a mediodía. Y los vendedores de periódicos de entonces lo pregonaban por Columela y otras calles, junto con Diario de Cádiz, La Voz del Sur de Jerez, el ABC de Sevilla y otros periódicos de Madrid, como el Ya o el Arriba. En aquellos años previos a la muerte de Franco, cuando se intuía en el horizonte el final del régimen, antes o después, las guías de teléfono incluían los números y nombres de los abonados de Cádiz capital, de la provincia gaditana y también los de Ceuta.

En aquel tiempo se consideraba a Ceuta como una parte de la provincia de Cádiz. Entonces no existían las autonomías, por supuesto. Las regiones solo servían para los bailes de los coros y danzas de la Sección Femenina y para la rica gastronomía nacional, que admitía el gazpacho andaluz, el caldo gallego o la merluza a la vasca. En la diócesis de Cádiz y Ceuta, en aquel tiempo, estuvieron don Tomás Gutiérrez y después don Antonio Añoveros, que inició la trilogía de los obispos antonianos, y que le dio un sesgo de apertura a la Iglesia local. Aunque no fue anticapillita, como creen algunos. Ayer los Reyes de España visitaron en Ceuta a la Virgen de África, un detalle que no es casual. Cádiz y Ceuta, por cierto, mantienen a don Ramón Valdivia aún como administrador y no como obispo con todos los avíos.

Cádiz y Ceuta son dos hermanas, separadas por la distancia, con el mar por medio, y con la nostalgia de saberse fraternas. Al establecerse la España de las autonomías, Ceuta y Melilla estuvieron a punto de ser integradas en Andalucía, pero se quedaron como ciudades autónomas, dependientes del Gobierno central. Y ya ven.

Aunque no esté en la provincia, Cádiz tiene un compromiso moral con Ceuta. Si ya ha acudido el rey Felipe VI, también deberían visitarla los gaditanos, con más frecuencia, y no olvidarla.

José Joaquín León