DICEN que el amarillo está maldito para los artistas y para los entrenadores. En el Cádiz CF ya había pasado demasiado tiempo sin que echaran al míster de turno. Es sabido que este año se activó la trituradora de entrenadores. Y han pasado por el banquillo de los acusados Gaizka Garitano (que sobrevivió al 2025) y después Sergio García, Imanol Idiákez y Albert Celades. Ahora viene otro, Borja Jiménez, de cierto prestigio, con el desafío temerario de ganar algunos partidos y sobrevivir a los polvorones navideños. ¿Llegará tan lejos? Dependerá de los resultados, como enseñan los filósofos del fútbol.

Al pobre Albert Celades había que echarlo ya, todo hay que decirlo, porque se estaba haciendo demasiado tarde. Puede que no sea tan mal entrenador como ha parecido; puede que los futbolistas hubieran respondido mejor si hubiera llegado antes de la pretemporada; puede que el Cádiz estuviera más arriba si todos los equipos jugaran como el Leganés en el JP. Lo siento, pero no todos los partidos de casa se juegan contra el Leganés.

Celades tenía un problema grave: quería que el Cádiz practicara jogo bonito. Con unas alineaciones discutibles y con una plantilla descompensada. Probablemente, la plantilla no es una de las cuatro peores de la Liga Hypermotion, las hay más malas todavía, por lo cual descender al pozo de la Segunda B es evitable, a nada que estos muchachos sean capaces de reaccionar con un entrenador que no abuse de las majaronadas.

Otro de los problemas de Celades es que estaba triste desde el minuto 1. Transmitía frialdad a sus futbolistas, en su mayoría de pecho frío, como dicen los argentinos. Es decir, no son del estilo que practicaba Simeone. Aquí se le llamaba casta, coraje, garra y otras definiciones más machistas. También es cierto que el Cádiz no tiene a Rodri y a Pedri para pasar el balón. El entrenador parecía resignado. Y cambiaba por cambiar. Y le han metido muchos goles por el coladero de los laterales. Y Vladys corre, sí, pero no remata como Mbappé. Y se mascaba la tragedia.

Repasemos lo ocurrido. Sólo han ganado un partido. Sucedió la semana que visitaron a la Virgen del Rosario y al Nazareno de Santa María. La solución está bastante clara. Hay que rezar más y ser contundentes en las áreas. Los puntos se os darán por añadidura. Pues esto es como la parábola de los talentos. Si no fomentas los talentos, no vas a entrar en el reino de los cielos, sino que descenderás al infierno.

Talento tampoco se aprecia en los dirigentes, y eso influye. Pues no bastará con echar a ocho o nueve entrenadores en una temporada.

José Joaquín León