CUANDO España ganó en 2010 su primer Mundial de fútbol, en Johannesburgo (República Surafricana), José Antonio Camacho (hasta entonces exfutbolista ilustre y exseleccionador de cuartos de final) pasó a la historia de la filosofía con una frase lapidaria: “Iniesta de mi vida”. En los periódicos deportivos quedó a la altura del “Pienso, luego existo”, de René Descartes, y por encima del “Yo soy yo y mis circunstancias”, de José Ortega y Gasset, antes considerado el principal filósofo español. Tan hondo caló esa frase que, viendo lo que ha sucedido con el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, supongo que los del PP provincial gaditano la habrán adaptado, para dejarla en “Landaluce de mi vida”.
Porque lo que ha pasado con Landaluce ha sido como marcar un golazo, pero en propia puerta. La evolución de este caso ha sido rara. El alcalde electo de Algeciras pudo superar las primeras acusaciones, que le llegaban del fuego amigo. Al principio, se suponía que saldría adelante en Algeciras, porque parecía una vendetta de militantes. Pero, con el devenir del tiempo, y con la proximidad de las elecciones convocadas por el Zurdo Sánchez, aparecieron nuevas acusaciones de abusos, con visos de verosimilitud. Y ahí ya se acabó la fiesta.
José Ignacio Landaluce ha defendido su presunción de inocencia, dice que las acusaciones son falsas y que lo demostrará. Es cierto que todavía no ha sido condenado en un tribunal. También es cierto que, según como lo han pintado sus rivales políticos, parece que era el sátiro de la gabardina, en vez del alcalde de Algeciras. Pero asimismo parece que tantas acusaciones no pueden llegar sólo por los enfados de algunas militantes, hay indicios, o al menos queda la duda. Y la duda ofende en la política, pues el político es presentado como culpable mientras no se demuestre lo contrario. Conclusión: el PP lo defenestra. Ahí cayó.
“Por la boca muere el pez”, según un refrán. Y se podría añadir: “Y por el pito muere el político”. Aunque por la boca también puede fenecer, según la utilice bien o mal. Este caso es penoso, en el fondo, como todos los que afectan a políticos denunciados por abusos sexuales. Pues malogran carreras, estropean estadísticas, y se deja a los partidos como alcahuetes de citas lujuriosas. Landaluce era el político estrella de Algeciras, ganaba por goleada en las elecciones. El PP, al dejarlo caer, hace lo que debe y lo asume, aunque se arriesgará a una pérdida de votos. Y quizás eso sea lo que más les duela, cuando se abran las urnas, y les haga decir: “Landaluce de mi vida”.
José Joaquín León
