EL trágico accidente en Urda (Toledo) ha mostrado la marginación que sufre Andalucía, entre otras consecuencias. El Ministerio de Transportes la ha perjudicado con dureza en los últimos años. Más aún desde que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno central. Ese periodo del sanchismo ha coincidido con una Junta de Andalucía que ya no estaba gobernada por el PSOE, después de casi 40 años, sino que el presidente es Juanma Moreno, del PP. El castigo a los andaluces parece que se ha extremado en las inversiones de obras públicas. El catálogo de obras que están pendientes es grande. Pero la gota que colma el vaso de la vergüenza es lo que se ha conocido después del accidente sangriento del AVE y el Iryo.

Los trenes que viajaban de Madrid a Andalucía (y al revés) no podían utilizar el sistema de seguridad ERTMS, como el resto de las líneas del AVE en España, sino el más obsoleto de LZB. Aunque están previstas inversiones para instalarlo, acumulan años de retraso. La llegada de trenes de Iryo y Ouigo, por la liberalización del servicio, se permitió sin las debidas garantías. El desgaste de vías y la inseguridad han aumentado. Coincide con el resultado de 115 muertos en dos accidentes de AVE, ambos en 2026.

Andalucía se ha quedado aislada de Madrid en el transporte ferroviario. Se puede llegar por Extremadura, pero con unos trenes que tardan entre 10 y 13 horas, y que son propios de los pioneros del ferrocarril. Pasarán bastantes meses hasta que la vía sea segura. Resulta indiferente lo que diga el ministro Puente. Es probable que en breve este Gobierno ya no esté en la Moncloa. Si el AVE vuelve antes de tiempo, será como jugar a la ruleta rusa.

A esa marginación se añade que Iberia ha topado los precios de los aviones desde los aeropuertos andaluces a Madrid, pero otras compañías los han incrementado en un descarado aprovechamiento de la desgracia de los andaluces. Igual que algunas empresas de coches de alquiler y otros servicios de transportes. Resultado: menos plazas para viajar y más caras. Con unos desplazamientos de Navidad a poco más de un mes. Y con la incógnita de cómo estará el transporte ferroviario de Andalucía en marzo de 2027, cuando empiece la temporada alta con la Semana Santa.

Ante esta marginación, Juanma Moreno y los políticos andaluces deberían ser más enérgicos. Han protestado, pero no con la vehemencia que se utiliza en Cataluña. El Parlamento también debe servir para denunciar estos abusos, y para hacer declaraciones institucionales en defensa de una tierra marginada, más allá de los intereses electorales.

José Joaquín León