LA Aduana es un clásico del debate gaditano. La Aduana fue construida en los años 50 del siglo pasado, por lo que se la considera un edificio franquista. La Aduana no está afectada por la memoria histórica. No se construyó para cantar el Cara al sol, ni nada de eso, sino para lo que sirven las aduanas, que es para controlar el tráfico de mercancías en el puerto, entre otras circunstancias. La Aduana no es sólo un edificio, sino la sede de un organismo. Guste más o menos, la Aduana debe existir mientras que Cádiz tenga un puerto. Por lo cual, en caso de ser derribada, hay que trasladar sus funciones y sus funcionarios a otro edificio, circunstancia que a veces se olvida. ¿A cuál? No se sabe.

En Cádiz gusta mucho un derribo, porque así podemos tener otro solar. En Cádiz un solar es más apreciado que un edificio. Hemos tenido (y criticado) durante muchos años el solar del nuevo hospital, el solar de la Ciudad de la Justicia, ha faltado poco para tener el solar de Valcárcel, y ahora quieren tener el solar de la Aduana. Quien tiene un solar puede tener un tesoro. O quizás un cultivo de jaramagos.

Hispania Nostra, asociación que defiende el patrimonio, la incluyó en su lista roja de edificios amenazados, tras haber sido descatalogada. Los partidarios de derribarla se han rasgado las vestiduras otra vez. El debate se ha centrado en criterios estéticos opinables. ¿Es un edificio con valor arquitectónico, o no? Si nos ponemos así, habría que derribar el 80% (o más) del Cádiz de Extramuros, cuyo valor arquitectónico es inferior a la Aduana, y también se construyó una gran parte en los tiempos de Franco. Se perdieron casi todos los chalés beduinos, y el barrio de San José, y los rascacielos son mediocres, no rivalizan con los de Nueva York, Chicago, Shanghái, Abu Dabi o Kuala Lumpur, por citar algunas de las muchas ciudades que los tienen mejores.

El edificio de la Aduana no es muy antiguo. Todavía no ha cumplido su primer siglo, pero lo puede cumplir, tranquilos. En Cádiz, desde que dicen que harán algo, hasta que verdaderamente lo hacen, pasa un siglo como mínimo. Y, en este caso, todavía no han dicho nada, por lo que pueden pasar dos siglos. Entonces se verá a Franco como nosotros vemos ahora a Viriato: en la profundidad de los tiempos.

La demolición tendría como objetivo que se vea mejor el edificio de la estación. El mismo donde dicen que abrirán pronto un mercado gurmé, o algo parecido, desde la década pasada. Y un hotel que aún no han empezado a construir. La estación está gafada. Más útil que derribar edificios en los alrededores sería mejorar el servicio ferroviario.

José Joaquín León