EL presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visitó el Valle de los Caídos el pasado lunes, pero ha tenido escasa repercusión mediática. Al menos, en el resto de España. Porque el Valle de los Caídos que visitó Pedro Sánchez no fue el que todavía acoge los restos de Franco, sino el de Cádiz. Como algunos gaditanos saben, está en el ECCO, el espacio municipal del arte contemporáneo, y es obra del dúo Costus, formado por los malogrados pintores Enrique Naya y Juan Carrero. Este Valle de los Caídos también debería ser emblemático, un lugar de culto de la movida puretona de toda España. Pero tiene la mala suerte de estar en Cádiz, a donde vino en tiempos de Teófila, en un ataque de posmodernidad. Y Cádiz, ya se sabe, es una ciudad que sólo existe para el cachondeo.

EN los desayunos de ayer no se hablaba de otra cosa. Bueno, del levante joío también se hablaba. Pero la gente con formación sabe que aquí ya soplaba el levante cuando vivían los fenicios. Esa gente leía la sentencia del Tribunal Supremo sobre la declaración de Cádiz como Zona de Gran Afluencia Turística. En el Supremo consideran que está injustificada, y que la petición del Ayuntamiento era una chapuza, otra más. Esto no lo han dicho así, sino que lo han demostrado. Pero, en fin, ¿en qué mundo viven? ¿No hay afluencia turística? Han venido a Cádiz, en menos de una semana,  Albert Rivera, Pedro Sánchez, Pablo Casado y el ministro Fernando Grande-Marlaska. Todos venían de turismo político, aunque unos pasearon más que otros.

LA Zona Franca de Cádiz ha cumplido 90 años. El mismo día que lo celebraron, el lunes pasado, estuvo en la ciudad de visita institucional el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que no se dignó pasarse por el Palacio de Congresos, donde acudieron los delegados de las  zonas francas de España. Con ese detallito ya se vio la importancia que concede el Estado a su Zona Franca de Cádiz. Tampoco vino ningún ministro, a pesar de que intentaron la presencia de María Jesús Montero, titular de Hacienda. Así que todo el espectáculo de la I+D+i, de los robots, del futurismo y de todo eso que presentaron ha quedado ensombrecido por la indiferencia política, en un ente cuyos responsables están puestos por el partido que manda.

LA visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a Cádiz se había presentado como institucional, no como acto de campaña. Sin embargo, el contenido institucional que se le atribuía yo no lo he entendido. El presidente pasó la mañana en el Campus de Excelencia Internacional del Mar de la UCA y después acudió al Oratorio de San Felipe Neri. Si un presidente del Gobierno viene a Cádiz puede incluir esas dos visitas en su agenda, pero también otras más prácticas. Incluso visitar en el Ayuntamiento al alcalde González, que se ha sentido ninguneado por el jefe de Fran. Viendo las fotos de la comitiva de Sánchez queda la impresión de que vino a pasar la mañana, por hacer tiempo, ya que le tocaba un día de excursión.

A la Diputación Provincial de Cádiz parece que le sobra el dinero. Al menos, la decisión que ha adoptado Irene García, con los votos de su equipo de gobierno, es propia de un nuevo rico. Gastarse 3,5 millones (de ellos 2,2 millones subvencionados) en adaptar el edificio del antiguo Instituto del Rosario para su colección de arte contemporáneo. Es lo que suelen hacer los banqueros y gente así, exponer sus cuadros, para demostrar que han invertido las ganancias con un sentido cultural, en vez de gastárselas en juergas como en la Faffe. Pero presentar eso como un nuevo Museo de Arte Contemporáneo que la Diputación le aporta a la ciudad de Cádiz es un comecocos. En ese edificio tan céntrico se podrían hacer proyectos mejores.