LAS listas de los partidos para las elecciones generales han sido polémicas en la provincia de Cádiz. Tampoco hay que escandalizarse porque siempre ha sido así. Si acaso la novedad es que podrían entrar cinco partidos en el reparto (no es seguro, porque en estas elecciones hay menos escaños en disputa que en las andaluzas), por lo cual las primeras plazas estaban más cotizadas. Por otra parte, los sueldos de diputados del Congreso y de los senadores son los mejores, si exceptuamos los del Parlamento Europeo, que son los más rumbosos y te permiten viajar en plan Erasmus de la política. Ese detalle también se ha notado bastante.

LA buena gente ya no se acuerda, pero hubo un tiempo en que los partidos querían suprimir las diputaciones provinciales para ahorrar sueldos de la administración. Fue una insensatez de corto recorrido, fomentada por los partidos de la nueva política, que todavía no tenían diputados provinciales. A día de hoy, las diputaciones gozan de buena salud. Entre sus miembros y miembras está el alcalde de Cádiz, José María González, que cobra un sueldo allí en vez del Ayuntamiento. Esto lo cito como anécdota. Así como se supone que los ayuntamientos viven en la austeridad, en las diputaciones han creado un club del gourmet y no pasan penurias.

ES curioso el caso de Ciudadanos, que por una desmedida ambición y por las diferencias internas, están haciéndose ellos mismos el harakiri. El caso del grupo municipal de Cádiz, donde Juan Manuel Pérez Dorao y María Fernández-Trujillo no seguirán, es un síntoma más, pero no el único. En otras ciudades andaluzas, como Sevilla, también han tenido problemas parecidos. Allí el secretario de Organización, Fran Hervía, se cargó al portavoz, Javier Millán, aunque lo disimularon después colocándolo como delegado provincial de la Consejería de Juan Marín. De los tres concejales que tenían en Sevilla sólo les queda uno, porque nadie más ha querido tomar posesión. En Cádiz ha sido peor, porque los dos concejales que tenían los van a perder y pasan a no adscritos.

ES admirable lo que tienen montado en el astillero de Navantia en Cádiz capital. Desde la semana pasada está aquello como en los buenos tiempos. Salen los obreros del astillero y la Policía Local tiene que regular el tráfico, de tantos operarios como hay. En la Carretera Industrial o avenida de Astilleros (una de las calles más feas de Cádiz, si no la que más) se nota una actividad de personas que vienen con sus bolsas de comprar provisiones, se supone que en establecimientos de la ciudad. En la puerta de Navantia vemos taxis esperando, como si fuera la puerta de un bingo. Está el astillero en esta Cuaresma como debería funcionar todos los meses del año, gracias al crucero Carnival Triumph que allí está siendo remodelado.

RESULTA inexplicable que el Museo del Carnaval no está ya inaugurado en el palacio de Recaño. Según lo que se publica, todo el mundo se pronuncia a favor. El Ayuntamiento, la Junta de Andalucía y el Gobierno central están dispuestos a colaborar para su apertura. Hay fondos en teoría aprobados para ese fin. El alcalde, José María González, organizó unos turnos de visitas, en los que él mismo ejerció como guía. Aunque allí no había nada, ningún museo.  El alcalde dejará el cargo dentro de dos meses, sin haber inaugurado el Museo del Carnaval. Ya se verá si los gaditanos le conceden cuatro años más de plazo, o no. Pero mientras se sigue hablando de este museo, se olvida el otro, que es el principal: el Museo de Cádiz.