HOY, como ayer, Cádiz se hace pirata. Por inventar fiestas no quedará, así en verano como en invierno, pues no hace mal a nadie y sienta bien al comercio y la hostelería local. Todos los fines de semana verán algo en las calles. Hace siete días tuvimos una procesión del Vía Crucis magno con 16 pasos de la diócesis, y este sábado tendremos el Cádiz Pirata, que han organizado los comerciantes de Cádiz Centro y el Ayuntamiento. Si Ernest Hemingway escribió que París era una fiesta, Cádiz no es una fiesta, sino todas las fiestas, vamos de una a otra, como si estuviéramos de fiesta permanente. Por lo demás, esto del Cádiz Pirata tiene fundamento.
PUEDE que en otra vida Jorge Alberto González Barillas hubiera sido un personaje en un cuento de Gabriel García Márquez. Puede que se hubiera escapado de las páginas de un libro, donde quizás convivió con El último viaje del buque fantasma, Blacamán el bueno vendedor de milagros, o La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada. Puede que su magia sea la consecuencia de una vida apócrifa, donde las leyendas se mezclaban con las fantasías hasta confundirse con la realidad. El Mago no había sido un futbolista, sino un personaje. El principal enemigo de un mago será siempre él mismo, porque conoce los trucos de su magia. Así construyó dos mundos.
EN Riad, capital de Arabia Saudí, las cosas de palacio van despacio. En eso se parecen a Cádiz. Por fin, el príncipe heredero, Mohammed Bin Salman Bin Abdulaziz Al-Saud, ha firmado el contrato que pactaron el pasado mes de abril en Madrid. Un contrato conseguido gracias a la mediación del rey Felipe VI y su padre Juan Carlos, cuando todavía era presidente del Gobierno Mariano Rajoy. Precisamente la entonces ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, fue la que intercambió el acuerdo de intenciones. El contrato es famoso, porque aportará una inversión de 1.880 millones de euros y facilitará cinco años de carga de trabajo en el astillero de Navantia en San Fernando, con 6.000 empleos directos e indirectos.
HA pasado por Cádiz Soraya Sáenz de Santamaría, dentro de la campaña que han organizado los del PP contra los del PP. Fue agasajada en el Hotel Atlántico por la plana mayor, que la apoya incondicionalmente. Y ha sido muy comentado el regalo que recibió: una camiseta del Cádiz CF, con la inscripción de su lema de campaña: SoraYA! y el número 1. Se la entregaron entre Juancho Ortiz y Antonio Sanz, mientras Teófila Martínez y otros militantes aplaudían. A unos les ha parecido bien, a otros les ha parecido mal, y a mí me ha parecido arriesgado.
LOS chiringuitos se han copiado de la Costa del Sol malagueña. En Cádiz, hace medio siglo, no había chiringuitos propiamente dichos. El bar Jerónimo, en estos tiempos, hubiera sido el chiringuito Jerónimo. Pero entonces era el restaurante-bar Jerónimo, situado a pie de playa, a la altura de la actual calle Neptuno, en la arena, que casi todos los años se inundaba cuando llegaban las mareas de Santiago o los temporales de septiembre; y no pasaba nada, la gente seguía comiendo el pescaíto frito, y nadie le echaba las culpas a la Demarcación de Costas. Los chiringuitos han llegado después, copiados de Torremolinos y Fuengirola, donde los había a manojitos en sus paseos marítimos para comer chanquetes y espetos de sardinas.