EN el Novo Sancti Petri de Chiclana, en Conil, en Tarifa y en otros municipios costeros de la provincia es muy común que los hoteles cierren las puertas desde finales de octubre hasta Semana Santa. Este año, después de la baja ocupación en septiembre, han adelantado un mes esa decisión y se han unido más hoteles. Parecía normal, porque el turismo de invierno no funciona en la costa gaditana como en las islas Canarias y Baleares, Benidorm o la Costa del Sol malagueña. Sin embargo, es muy fuerte lo que está sucediendo en Cádiz capital. Al cierre del hotel Monte Puerta Tierra se ha sumado el Hotel Playa Victoria, de la cadena Palafox (precisamente la que iba a construir el descartado hotel de cinco estrellas en Valcárcel), y es una noticia muy perjudicial para Cádiz.

UNA de las provincias españolas que mejor está soportando la segunda ola del coronavirus (toquemos madera) es Cádiz. Precisamente fue también una de las que mejor resistió la primera ola del coronavirus. Así que no debe ser casualidad, pero tampoco puede servir para relajar la disciplina, ni para lanzar las campanas al vuelo. Con evidentes excepciones, desde el principio fue una de las más cumplidoras en el uso de la mascarilla, quizá porque tiene resonancias carnavalescas. ‘Tras la máscara’ fue una comparsa de Antonio Martín, segundo premio en 1989. Es posible que influya el clima, aunque no existen estudios concluyentes, ni el doctor don Simón lo contempla. Actualmente, en la provincia no hay ningún municipio con valores que justifiquen un confinamiento.

DESDE tiempo inmemorial, Cádiz ha sido una ciudad anticipada a los tiempos. El talento ha estado presente con grandes aplicaciones en otros siglos, y aún sigue en muchas actividades, la mayoría improductivas. Aquí se han inventado palabras que han sido aportaciones a la lengua española (véase El habla de Cádiz, del profesor Pedro Payán). Un ejemplo es el concepto de lo cursi, cuya historia es conocida, y que se inventó aquí, donde las finuras forzadas se toman a burla. También surgió aquí el concepto del pelotazo, que después aplicaron algunos espabilados a la política corrupta y a los negocios de fortuna fácil, pero cuyo verdadero origen está en el Carnaval. Si bien no es igual un pelotazo inmobiliario que el de una comparsa. Y otra aportación innegable, de plena vigencia, es la paguita.

EL Puente de la Constitución de 1812, al que la gente llama el Nuevo Puente de Cádiz, ha cumplido sus primeros cinco años. No le han organizado una fiesta en el McDonald’s, ni nada de eso, sino que se ha recordado su aportación para la ciudad. Fue la obra pública más costosa del siglo XXI. Sin embargo, en contra de lo que dicen algunos, no fue un capricho de Teófila Martínez. Se pudo hacer más barato, eso sí, porque se encareció con Magdalena Álvarez por motivos políticos (como las reivindicaciones de los astilleros) y por el largo retraso de las obras públicas. No obstante, Javier Manterola es autor de una obra emblemática, que en Cádiz se valorará mejor cuando pase el tiempo y tenga otros dirigentes.

ESTE Juan Carlos al que me refiero no es el emérito, sino el demérito. Es decir, el ministro de Justicia, Juan Carlos Campo. Aunque nacido en Osuna (Sevilla) se le considera gaditano como tú, por méritos propios, y un representante de la provincia, que consiguió otro ministerio, como Fernando Grande-Marlaska, que fue representante de la provincia, pero nunca fue considerado gaditano como tú, si acaso transeúnte del Campo de Gibraltar, donde tanto trabajo tiene. Pues bien, me refería a Juan Carlos, que pasó sin apuros sus primeros días ministeriales, desapercibido como los buenos árbitros, pero ahora le están cayendo los marrones.