EL buque escuela Juan Sebastián de Elcano regresó ayer al puerto de Cádiz. Eso sucede todos los años, ya que es la base del histórico navío. Sin embargo, no ha sido un crucero de instrucción más, en el año que cumplen 91. El Elcano venía de homenajear a Juan Sebastián de Elcano, en Guetaria, su población natal de Guipúzcoa, con motivo del V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo. Se ha destacado la buena acogida que le brindaron los vascos. Imbéciles e ignorantes serían si no hubieran acogido con cariño al buque escuela español que honra a su paisano. En la expedición que participó en la primera circunnavegación, abundaban los vascos, al punto de ser el territorio español que más aportaba. La historia verdadera es como es, y no como se la inventan los independentistas y los terroristas de ETA.
EN San Fernando unos reían y otros lloraban, cuando vieron al tranvía de la Bahía remolcado por la calle Real. Es decir, que todavía no ha empezado a funcionar y ya lo estaban remolcando por una avería. Como si fuera el Vaporcito de El Puerto cuando chocó con la escollera del muelle gaditano. El hombre llegó a la Luna hace medio siglo, pero todavía no se ha conseguido que el hombre y la mujer lleguen de Chiclana a Cádiz en el tranvía, previo paso por el intercambiador del Río Arillo. Sin embargo, no seáis mal pensados, ni pongáis memes en las redes sociales. El tranvía todavía está en pruebas. Empezaron a probarlo en 2017, o por ahí. Y el remolque por la calle Real era otra prueba. Aunque, en realidad, es una parábola civil.
HAY que tener cuidado con las carabelas portuguesas y replicar a los ataques si los hubiere. No se puede permitir que asedien la costa de Cádiz en verano. Estas carabelas tienen peligro, aunque sus ataques son diferentes a los que la ciudad soportó en otros tiempos. No vienen como el conde de Essex con las tropas inglesas, que asaltaron e incendiaron Cádiz en 1596 y robaron todo lo que pudieron. Tampoco vienen como los del asedio francés de 1810, que nos debe servir de lección. Pues si con las bombas que tiraron esos fanfarrones se hicieron las gaditanas tirabuzones, a los ataques de las carabelas portuguesas hay que replicar tiriti tran tran tran. Es decir, con métodos disuasorios para que se vayan del Golfo de Cádiz. Un ataque de una carabela portuguesa, en según qué miembros, no se le desea ni al peor enemigo. Excepto que sea el conde de Essex.
EN calles y plazas de Cádiz, de repente, como por arte de magia, han aparecido 20 figuras, a las que denominan ecomeninas. Son creaciones de Antonio Azzaro, realizadas para una campaña de sensibilización sobre el reciclaje de vidrio. ¿Por qué sólo sobre el vidrio? Este es el primer enigma, ya que también podrían sensibilizar sobre el reciclaje de plástico y de papel. Para eso están, por otra parte, los contenedores oportunamente situados en diversos puntos limpios (y sucios) de la ciudad. La campaña ha sido auspiciada por la Junta de Andalucía, en colaboración con el Ayuntamiento de Cádiz, y por Ecovidrio, entidad al parecer sin ánimo de lucro. Aunque se debe explicar que los reciclajes tienen ánimos de lucro, como negocios que son, y que no se hacen sólo por amor al arte.
SERÍA un gran error colocar a la Universidad de Cádiz en el debate político. Existe cierto paralelismo con lo que sucedió en el Ayuntamiento gaditano, cuando entró Kichi como alcalde y relevó a Teófila Martínez. La anterior alcaldesa se había caracterizado por una gestión basada en proyectos, que podrían gustar más o menos, pero que han quedado para la posteridad. El Ayuntamiento no realizó el soterramiento, ni construyó el segundo puente; pero es obvio que sin su impulso y patrocinio Cádiz tendría todavía el muro del tren dividiendo Puerta Tierra y un solo puente con atascos. En la UCA termina un rector, Eduardo González Mazo, caracterizado por su gestión. Y entra otro, Francisco Piniella, cuyo primer discurso ha recordado en parte a los de Kichi, a cuya compañera Teresa aconsejó votar en unas elecciones.