HOY es Domingo de Resurrección, día grande para los cristianos. Al resucitar, Cristo nos promete que hay vida más allá de la muerte. Pero, al volver al mundo, también nos muestra la importancia y la grandeza de vivir. No voy a abundar en la cuestión teológica. Esta celebración llega pocos días después de un caso que han distorsionado: la eutanasia de la joven Noelia Castillo en Barcelona. En la víspera del Viernes de Dolores, fue cumplida su voluntad de someterse a la eutanasia, pese a los intentos por frenarla del grupo llamado Abogados Cristianos, que recurrió durante dos años en los tribunales. El recurso fue desestimado, porque la petición de la joven se ajustaba la legalidad.

La legalidad de los hombres no siempre es la misma de la ley divina. Pero este caso, además, me parece repugnante para la conciencia humana. Y sorprende que algunos que se dicen cristianos estén a favor de que la joven haya muerto según su voluntad. Un cristiano debe defender la vida desde el principio hasta el final. Y eso significa: oponerse al aborto, oponerse a que maten a los niños en las guerras, oponerse a la violencia machista y a la violencia familiar en general, oponerse a los suicidios, oponerse a la pena de muerte, oponerse a la eutanasia y oponerse a todo aquello en lo que una persona mate a otra. Porque un cristiano es un discípulo de Cristo, que predicó el amor y enseñó que no hay que matar a nadie.

Más allá de las creencias, este caso es muy triste. Noelia fue violada, según contó ella, y sufrió problemas psicológicos. Intentó suicidarse arrojándose desde un quinto piso, no murió, pero sufrió lesiones graves y dolorosas. Su dolor físico y psíquico la llevó a solicitar la eutanasia. Su padre, al que ella acusaba de no haberle dado cariño cuando lo necesitaba, intentó impedirlo. Pero en los medios se han dedicado a caricaturizar al grupo de Abogados Cristianos, en vez de valorar la realidad ética del problema. Y el problema es que, al final, el Estado ha amparado un suicidio diferido. Pues lo que hicieron, con esa eutanasia, es rematar la faena que Noelia empezó cuando intentó suicidarse.

Noelia Castillo no ha tenido el mismo cariño popular que se ha visto en otros suicidios de jóvenes. Es un fracaso de la sociedad que esta joven pidiera la eutanasia. Y es un fracaso que el Estado, en vez de luchar por la vida, con ayudas económicas, médicas y psicológicas, haya optado por lo más sencillo: darle la puntilla. No basta con decir “no a la guerra”. También hay que decir “sí a la vida y no a la muerte”.

José Joaquín León