LA culpa de que vaya perdiendo no es del árbitro, que no es el Juez Supremo, ni los jueces del Supremo. La culpa es suya, por ser tan despistado para este juego. Con tantos casos de corrupción, parece que se disputa una partida de ajedrez, cuyo final más probable será el jaque mate al PSOE, lo cual llegará cuando caiga el rey de las fichas blancas o blanqueadas, que se llama Pedro. Sucederá antes o después, probablemente después, porque está perdiendo tiempo, y apurando las jugadas, y reclamando pausas de hidratación, de tanto como se suda.

En esta partida, las piezas blanqueadas han ido de mal en peor. Han sacrificado a varios peones, que para eso están, para servir al rey de Ferraz. Pero en el fragor del juego han caído José Luis Ábalos y Santos Cerdán, los dos caballos que custodiaban al rey del sanchismo, y que iban al trote y al galope. Y han caído los alfiles que se ocupaban de los trabajos menos limpios, el señor Koldo García y la señora Leire Díez. Así las cosas, Yolanda Díaz (que no es del PSOE, pero lo parece y nunca se sabe) funcionaba como otro peón inocente de confianza, pero se eliminó ella misma, como en una eutanasia del juego, viendo que la partida se estaba poniendo fea, demasiado negra para sus amigos.

Y hemos llegado a la fase final de la partida. José Luis Rodríguez Zapatero era la torre del joropo venezolano, y ejercía como protección. Hasta que los americanos, los perversos americanos que pactaron con Delcy, dieron un soplo a los rivales. Enviaron un mensaje donde se explica todo para eliminar esa ficha, y aparecieron las misteriosas joyas de la torre del Zapatero, escondidas por cierto en la mismísima calle Ferraz.

Entonces el hombre de la torre incluso sacrifica a sus hijas (como Guzmán el Bueno en Tarifa) y a la fiel secretaria, con lo que ya apenas quedan peones para jugar la partida y el tablero se está despejando. Y, para colmo, la reina Begoña ha sido amenazada por el Peinado, y hasta le retiran el pasaporte, lo que parece una exageración, pues la dama conoce las reglas del juego y sabe que no puede fugarse, así como así.

En esta alegoría del ajedrez, al rey le queda poco que jugar y le van a dar el jaque mate pronto. En su delirio se puede encomendar al Santo Padre, por si ocurre un milagro celestial. Confía en que siempre le quedará el novio de Ayuso, la reina de los rivales, que se equivocó al elegir pareja. Todavía hay partida, pero lo tiene bastante negro.

José Joaquín León