EN la invasión de Ceuta, han muerto al menos 67 personas, ahogadas o aplastadas. Ese balance era provisional ayer. Tampoco sabemos cuántos han entrado. Unos dicen 50.000, otros 70.000. Y, según lo difundido, parece que han devuelto a más de los que entraron. ¿No saben sumar? A los fallecidos nadie les envió un mensaje de alerta, ni han culpado a los servicios de Emergencias por llegar tarde. Sí, decir eso es una crueldad, pero de ese tipo las escribe en X el ministro de Transportes, Óscar Puente. Sobre los 67 muertos se ha debatido poco, como si el transporte de los cadáveres hubiera sido rutinario. Es indigno olvidar tantas vidas destrozadas.

En este país tenemos un problema gravísimo con la inmigración. Utilizada como basurero político. Del lado de la extrema derecha, con mensajes de odio y xenofobia. Y, desde el sanchismo y la ultraizquierda, convirtiendo a España en barra libre para el tráfico de personas, gracias a los cálculos políticos de don Pedro y sus turiferarios.

La crisis de Ceuta se la han intentado endosar a los jueces. En este caso, por una sentencia del Tribunal Supremo, en la que prohibían las devoluciones en caliente de inmigrantes interceptados en el mar. Es una desfachatez que el Gobierno atribuya sus culpas al poder judicial. Como si las leyes se inventaran en los tribunales. Pedro Sánchez ha dicho que cambiará la ley de Extranjería. Será por algo, ¿no es cierto?

La regularización de inmigrantes es necesaria de vez en cuando. Estos desgraciados de Ceuta llegaron tarde y engañados. Pero ese ambiente de ser coladero de Europa lo han creado el PSOE sanchista y sus socios, con el efecto llamada. Inmigrantes regulados hacen falta, sobre todo para trabajos que algunos parados (con prioridad nacional de DNI) no hacen, prefieren cobrar subsidios y dedicarse a sus chapuzas. Tenemos un sistema corrupto. Se practica a gran escala en las alturas, y a pequeña escala donde se puede. Quizá por lo que se sabe de la mangancia en familia.

En Europa, están indignados con Pedro Sánchez, es un escándalo. Francia ha reforzado la frontera con España. Italia amenaza con cerrar el espacio Schengen para España. Y, ojo, no protesta solo la signora Meloni. Hasta los socialdemócratas de Dinamarca y otros países están hartos del capullo que tiene la rosa marchita y clava las espinas.

José Joaquín León