UNA vez más se ha visto la hipocresía de los políticos con las alertas en los teléfonos móviles. Cuando no se envía, parece que la responsabilidad de una catástrofe natural es de las autoridades. Pero cuando se envía, y el pueblo incrédulo no hace caso, o cuando las autoridades no adoptan otras medidas y se limitan a enviar mensajes ¿qué ocurre? Es repugnante que un ministro dicharachero, como Óscar Puente, intentase sacar tajada política de las muertes en el incendio de Los Gallardos (Almería). Esta semana se ha repetido la hipocresía sanchista, con la doble vara de medir mensajes. En esta ocasión con las lluvias torrenciales en Cataluña y la Comunidad Valenciana.
El presidente socialista de la Generalitat catalana, Salvador Illa, del PSC, se lució el pasado miércoles. Demostró que se puede enviar un mensaje de ES-Alert, avisando de lluvias torrenciales en Barcelona y pedir a los vecinos que no se muevan, al tiempo que permitieron la disputa de un partido de Liga, entre el FC Barcelona y el Racing de Santander, con 50.000 espectadores en las gradas de un estadio, bajo un diluvio.
A la hora del partido (y en las tres horas siguientes) había alerta naranja en Barcelona. Estaban previstas lluvias torrenciales, rayos, truenos y vientos de hasta 90 kilómetros/hora, según la Aemet. Pronóstico cumplido. A esas horas, efectivamente, se inundaron algunas calles y rondas próximas al estadio del Camp Nou. Por otro lado, esa misma noche, suspendieron vuelos en el aeropuerto de El Prat, hubo retrasos y parones en los trenes de Rodalies y cerraron algunas estaciones de Metro.
En Valencia, a la misma hora, suspendieron el Levante-Athletic de Bilbao, también con temporal. Sin embargo, lo que se ha criticado es que la Generalitat valenciana, gobernada ahora por Juanfran Pérez-Llorca, del PP, envió los mensajes de alerta cuando ya estaba lloviendo. Y se ha criticado menos que el barranco de El Poyo bajaba crecido. No se desbordó, aunque hubo alto riesgo, ya que el Gobierno sanchista no ha realizado las obras necesarias.
Es curioso que apenas se haya criticado lo ocurrido en Barcelona, mientras intentaron resucitar los fantasmas de la dana en Valencia. El miércoles murió una persona por el temporal en Olivella (Barcelona) y nadie en Valencia. Pero ese muerto, como los 140 fallecidos en Ceuta, parece que no ha existido. Para despistar tienen los mejores relatores.
José Joaquín León
