EL AVE ha muerto. EL AVE murió con 69 difuntos más y decenas de heridos, algunos de los cuales han quedado mutilados, o con lesiones difíciles de recuperar. Es triste recordarlo cuando ha llegado el día de Todos los Santos y mañana es el de los Fieles Difuntos, cuya lista ha aumentado, por culpa de unas negligencias. La muerte del AVE también ha dejado en situación difícil el turismo en Andalucía. Y no solo porque se haya suprimido el servicio ferroviario desde Madrid. También resultaron afectados 51 viajeros extranjeros, de países de América, Europa y Asia, de los que ya está confirmada la muerte de dos y hay 22 desaparecidos. En todo el mundo se habla de esta vergüenza para España.
El AVE ha muerto porque nadie sensato querrá viajar después de saber que han fallecido al menos 115 personas en nueve meses. En dos accidentes mortales, en los que estuvieron implicados cuatro trenes, dos de Iryo y dos de Renfe. Y alguno más a punto de colisionar.
El AVE ha muerto porque se ha sabido que el sistema de inseguridad utilizado en la línea de Andalucía, denominado LZB, falló 170 veces en lo que va de año. Y que el ministro de Transportes, Óscar Puente, lo considera relativamente normal. Hubo al menos un triple fallo, no solo un error humano.
El AVE ha muerto porque se ha sabido que el sistema de seguridad ERTMS, que es el que se debe utilizar en Europa, no está implantado aún en la línea de Andalucía, a pesar de los millones aportados desde Bruselas, a pesar de los plazos incumplidos, a pesar de los pesares. La Fiscalía europea ya ha dado los primeros pasos para que se investigue.
El AVE ha muerto porque se ha sabido que cuando falla el sistema (con la frecuencia apuntada por el ministro) el tráfico es regulado desde el centro de control, donde hay unas medidas de descontrol sujetas a decisiones que son como jugar a la ruleta rusa. Al que se equivocó ya lo señaló el ministro.
El AVE ha muerto porque ahora dicen que la línea Madrid-Barcelona debería ser revisada y que los trabajos de mejora en ese trayecto podrían durar 24 meses (o sea, dos años), lo que es una invitación a que solo los kamikazes viajen a Zaragoza y Barcelona.
El AVE ha muerto porque hay un intento para reanudar el servicio entre Madrid y Andalucía antes de las elecciones del 29 de noviembre. Para aparentar normalidad, para ocultar las mentiras, para que los responsables eludan sus culpas y la gente se olvide.
¿Y quién mató al AVE? ¿Y por qué el ministro suma y sigue, como si nada?
José Joaquín León
