A todos los pregoneros de la Semana Santa de Sevilla se les suele dar el mismo consejo: “Sé tú mismo”. En el acto de El pregón antes y después, que organiza la Cámara de Comercio, José Antonio Rodríguez contó que él también se encontró en un momento de dudas. Y que, cuando asumió que no debía seguir el estilo de otros pregoneros, fue cuando se sintió a gusto con su Pregón. Ese texto, que es el suyo, se lo entregará hoy a Sevilla en el Teatro de la Maestranza. Esa es la riqueza del Pregón: una aportación de voces diferentes. Y no dejarse influenciar por las modas, ni por las teorías de que el Pregón debe seguir un modelo. No existe ese modelo. Ni siquiera una línea común.
Algunos suponen que el modelo del Pregón debe ser el de Antonio Rodríguez Buzón en 1956. Pero ese pregón fue el suyo y el de hace 70 años. Es curioso que obtuvo un gran éxito popular, pero a los curas de entonces no les gustó, lo consideraron efectista y poco profundo. Esa idea caló en la jerarquía. Los siguientes pregoneros tuvieron otro estilo. Hasta que después de lo ocurrido en 1964 con el marqués de Vivel, que no era sevillano y se le notó demasiado, se llegó al pregón del obispo auxiliar José María Cirarda en 1965. Siguiendo su estela, algunos pregoneros quisieron ser más papistas que el obispo auxiliar. Después se llegó a la mezcla de los últimos 50 años, en la que los gremios que han predominado han sido los abogados y médicos prestigiosos (la mayoría eran hermanos mayores o con cargos en hermandades) junto a poetas de vez en cuando. También hubo curas, pero ya sin homilías. En el siglo XXI quisieron darle una vuelta de tuerca. Arrancaron con el estilo popular del poeta Joaquín Caro Romero y siguió con el número 1 de la radio Carlos Herrera. Precisamente en este siglo han predominado los periodistas (a los que algunos llaman comunicadores, lo que suena más cursi). En 2024, 2025 y 2026, han sido tres de tres.
Cada cual debe tener su estilo y pregonar su Semana Santa, aunque sin olvidar que es la Semana Santa de todos. En esa variedad se mueve el Pregón. Cada uno puede tener su teoría. Yo creo que un Pregón, además de su tono lírico, debe aportar un mensaje y un contenido, y que no se debe ocultar la religiosidad de la Semana Santa. Es una fiesta alegre, sí, pero no es como las Fallas de Valencia o el Carnaval de Cádiz, sino con su espiritualidad propia para vivir la Pasión. Según Sevilla y según los Evangelios sobre los que se jura en la protestación de fe.
Y en cuanto al tono, depende del gusto. Rodríguez Buzón fue un gran poeta popular. Su pregón es antológico, inolvidable. Pero no se suele estudiar a Rodríguez Buzón en la literatura española. No se le considera al nivel de Bécquer o Cernuda, que eran sevillanos. Dentro de las preferencias poéticas, yo soy más partidario de Rafael Montesinos que de Antonio Rodríguez-Buzón, aunque reconociendo su valía también. Y sin olvidar a Juan Sierra. Otro gran poeta de las cofradías fue Rafael Laffón. Pero, como dice Caro Romero, algunos poemas de Laffón probablemente no se aplaudirían en un pregón.
Entre los prosistas, algunos se han fijado mucho en la Semana Santa de Antonio Núñez de Herrera. Aunque creo firmemente que Dios en la ciudad de Joaquín Romero Murube es el canon y la cumbre de la prosa lírica cofrade. Y que, más recientemente, hay que considerar las aportaciones de Antonio Burgos y Carlos Colón como textos de referencias.
Siendo uno mismo, sin imitar, citando, también se pueden hacer guiños a los maestros en un Pregón. Y a los que no son sevillanos, incluso extranjeros. Yo cité a T.S. Eliot, que es uno de los grandes poetas del siglo XX, y que escribió: “¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?”. Ahí se resume todo. Esa vida que perdimos viviendo la Semana Santa es la que hay que contar en el Pregón, para no perderla definitivamente, sino para recuperarla y que se quede en la memoria de Sevilla.
José Joaquín León
