TODOS los años, en la Punta de Diamante, ocurre un portento. Aparece una Mujer vestida de sol, con la plata de la luna a sus pies, y sobre su cabeza el oro de una corona de estrellas. Esa Mujer es la Virgen de los Reyes. Así se la describe en el Apocalipsis. A las ocho, a esa hora aún temprana de la mañana, han repicado las campanas de la Giralda y ha salido por la puerta de Palos. Después de recorrer las gradas de la calle Alemanes, revira en la posa segunda, en la esquina de la Avenida con la calle antigua de la Mar. Es ahí cuando el sol ya se ha levantado de las tinieblas para vestir a la Mujer, y se asoma sobre el Palacio Arzobispal. Desde el fondo, cuando la Virgen se vuelve, no se alteran los silencios profundos. Ahí la luz del sol baja del cielo, baña su rostro, y el Niño muestra su gran poder al mundo. Es la Reina de los reyes. Y tiene todas las gracias mediadas, iluminadas en ese rostro, para que se le concedan en ese momento a Sevilla, que se abre como puerta del cielo.

La mañana del 15 de agosto, según algunos, es siempre igual, parece como repetida. Sin embargo, siempre es diferente. Hay novedades para los que se fijan en los detalles. Hay devotos que llegan muy temprano, y que este año han recibido un pergamino por su peregrinación, que está bien, pero no sé hasta qué punto es necesario. Pues los salvoconductos, para quienes han recorrido los caminos a pie, ya tienen el premio que su mirada concede desde antes de que amanezca. Este año la Virgen de los Reyes ha vestido el terno blanco de castillos y leones, que fue restaurado por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico. Ese conjunto fue el que lució la Virgen en 1946, cuando Pío XII la proclamó patrona de Sevilla y su Archidiócesis. Ha vuelto a vestirlo, al cumplirse 80 años. El origen del terno estuvo en un vestido de gala de la reina Isabel II. Se lo donó a la Virgen de los Reyes, y fue adaptado en 1884 para su ajuar. Es un conjunto que incluye el manto, la saya, otras piezas para la Virgen y la indumentaria del Niño Jesús. En una parte aún se conservan tejidos originales del vestido de Isabel II.

Pero todo parece poco en Sevilla para homenajear a la Virgen de los Reyes. Ha sido una decisión de gran relevancia que el Cabildo Catedral haya aprobado un nuevo manto para la Virgen, que lo estrenará en 2029 con motivo del 125 aniversario de su coronación canónica. Manto diseñado por Javier Sánchez de los Reyes, en terciopelo azul, siguiendo una estética de finales del gótico, bordado en sedas y oro. Que los canónigos aprueben un manto nuevo para la Virgen es una aportación espiritual y material, que dice mucho a favor de la piedad popular y de la donación de nuevas piezas artísticas a las imágenes sagradas, cuando son frutos de la devoción.

Este año la procesión se ha celebrado en sábado. Se suele considerar el día de menos afluencia a la procesión, por las tentaciones playeras del fin de semana. Sin embargo, a esta procesión suelen acudir todos los años los mismos y verla en los mismos sitios. De modo que es también como un punto de encuentro. Entre ese público, se debe apuntar que no hace falta un plan de repoblación de Sevilla, como el de San Fernando, o el del alcalde Sanz. Sevilla se repuebla en la mañana del 15 de agosto con un público mayoritariamente formado por devotos, entre ellos muchos cofrades, sevillanos de la capital, de la provincia, o de la diáspora que van venido en vacaciones. Y que convierten al turista en anécdota para la procesión, sin que molesten, como algo exótico. Al final, cuando la Virgen pasó por la plaza del Triunfo, los turistas estaban en largas colas para entrar en el Alcázar. En la Catedral iba a empezar la misa estacional, que presidió el arzobispo Saiz Meneses.

Otro arzobispo, el de Panamá, José Domingo Ulloa, ha predicado este año en la novena y participó también en la procesión. En la homilía del último día, destacó, que a pesar de lo que hoy se consideran “luces y sombras”, Sevilla tuvo un protagonismo esencial para la evangelización y la devoción mariana que existe en América. La Virgen de la Antigua en Panamá es una herencia de la piedad mariana de Sevilla. Esa evangelización, que se hizo desde aquí, forma parte de la historia. Es un legado inolvidable, que se debe mantener vivo.

En la procesión, además del arzobispo Saiz Meneses y el auxiliar Teodoro León, hubo aceptable presencia de autoridades. El alcalde, José Luis Sanz, y una representación de municipal del PP, PSOE y Vox. También el presidente de la Diputación, Javier Fernández, del PSOE, que se apunta a esta procesión con naturalidad, y la consejera de Cultura, Patricia del Pozo, del PP, que es otra habitual. Algunos politólogos dicen que Javier y Patricia están en el banquillo por si hubiera cambios, pero no creo que su presencia responda a cálculos improbables.

Mañana de tradiciones renovadas, en la que se vio un cortejo al que ha dado lustre la Asociación de la Virgen de los Reyes en los últimos años. Su esfuerzo es loable. En esta procesión no hay frikismos, ni bullas, pero tampoco vacíos, porque todo lo llena con su gracia y con su gloria esa Virgen vestida de sol, que eclipsa a la luna, y que está coronada de estrellas. Cada 15 de agosto proclama al mundo que sigue viva la fe y la devoción mariana de Sevilla, aquí y al otro lado de los mares.

José Joaquín León