NO nos damos cuenta, o será que ya importa menos, pero desde aquella pandemia del Covid 19 nos hemos habituado a los confinamientos. Ayer Andalucía se quedó virtualmente confinada, por culpa de la borrasca Leonardo. Con motivos justificados, por supuesto. La gente estaba criticando que el miércoles de la semana pasada no habían suspendido las clases en los colegios. Y aquel día en Sevilla llovió bastante, con una ventolera considerable, y hubo problemas de movilidad. Así que ayer Antonio Sanz, consejero para todo, sabía que más vale prevenir que curar.

Andalucía quedó prácticamente confinada. Con razón, ya se ha dicho. Hasta las tres de la tarde de ayer, los servicios de Emergencias habían registrado más de 650 incidentes. En Grazalema, el agua de la lluvia torrencial salía hasta por los enchufes de las casas. Las calles y la plaza de España parecían Venecia. En Andalucía, había 14 ríos en alerta extrema por desbordamientos. El temporal Leonardo ayer en Andalucía fue más intenso en lluvias que la dana trágica de Valencia. Y si no ha ocurrido una desgracia terrible ha sido por las circunstancias físicas, y porque la prevención ha funcionado mejor en Andalucía. Pero, bueno, eso nunca se le va a reconocer a los políticos, a los que, por el contrario, se les puede acusar de criminales a la primera que se despisten.

Andalucía se quedó confinada de hecho, sin estar confinada de derecho. En Sevilla se podía salir a la calle, con precaución, por si acaso un árbol se caía, que no sería la primera desgracia. Los parques cerrados, el deporte desaconsejado, los centros educativos sin clases, los trabajadores esenciales en sus puestos y los no esenciales teletrabajando... Y 12 carreteras cortadas. Y el servicio de trenes que no funcionaba: ni el AVE, que Dios dirá cuando vuelve con normalidad porque el ministro Óscar Puente no lo sabe, ni las Medias Distancias, ni siquiera los Cercanías, que son como nuestros Rodalies, pero sin aparecer en los telediarios. Cuando Andalucía está aislada, fuera sólo se fijan en lo más curioso, como el agua saliendo por los enchufes, pero los trenes sólo importan cuando ocurre lo de Adamuz.

Confinados podemos volver a estar cualquier día. ¿Confinados se vive mejor? No, pero nos acostumbramos a todo. Y ya ni siquiera protestamos cuando vemos que los trenes no llegan.

José Joaquín León