VIVIMOS ya las vísperas de la Semana Santa. ¿Cuándo empiezan? Hay diversas teorías. Algunos llaman cofradías “de vísperas” a las que salen el Viernes de Dolores y el Sábado de Pasión. Pero a las cofradías que salen esos días no les parece correcta esa denominación. La Semana Santa de la carrera oficial empieza el Domingo de Ramos, la liturgia de la Semana Santa arranca con la procesión de las palmas. Sin embargo, los pasos y los nazarenos que salen a las calles desde el Viernes de Dolores no son el anuncio, sino la realidad de unas cofradías de penitencia que también existen, y que cumplen una labor importante en sus barrios.

Otros piensan que las vísperas de la Semana Santa se viven desde el comienzo de la Cuaresma, y que la ceniza penitencial que nos imponen ese miércoles en la frente ya anuncia la Pasión. No faltan quienes dicen que las vísperas de la Semana Santa comienzan en Sevilla cuando se le ve la espalda a Baltasar el 5 de enero. Va pintado de negro, que ya sería un símbolo de esos nazarenos de ruán negro que acompañarán al Señor de Sevilla en la Madrugada del Viernes Santo, en cuyo honor se celebra el 6 de enero la función principal en su basílica de San Lorenzo. O quizás esa función es un preludio de la víspera verdadera, que llega la noche del Viernes de Dolores, cuando el Señor baja del cielo al suelo para el besamanos en la Basílica.

En la liturgia, las vísperas se celebran el día antes de la fiesta. Pero cuando la fiesta dura una semana, las vísperas también pudieran durar otra semana. Y ese tiempo sería el que ahora vivimos: la semana de Pasión. Arranca con el pregón de la Semana Santa. Y después de la despedida torera al pregonero, José Antonio Rodríguez, por su faena triunfal, ya se podían cumplir los demás ritos de la jornada. Tertulias del almuerzo con los amigos, para comentar el pregón y lo que está por venir. Visitas a los besamanos y los besapiés. Cada cual tiene sus templos preferidos para visitar, según sus devociones. Con el alcalde, José Luis Sanz, coincidimos en el besamanos de San Isidoro, donde también hay un Señor de las Tres Caídas, que nos espera en su capilla, dolorido y con una mano asida a la piedra. En los Terceros, ante el Señor de la Cena, había una visita de militares del Ejército del Aire. En San Juan de la Palma, largas colas ante el Señor despreciado aguardaban para verlo y besarlo, mientras Herodes se quedaba plantado en lo alto del paso, sin oír los silencios blancos de Sevilla.

Llega la noche. El Cristo del Buen Fin es subido al paso. Y se aclaran las dudas: las vísperas han comenzado.

José Joaquín León