LA mala suerte ha entrado en la política. El presidente de la comisión que investiga el accidente ferroviario de Adamuz, Ignacio Barrón, dijo que fue un “accidente fortuito, con una carga enorme de mala suerte”. Y tenía un fondo de razón. Si uno de los trenes hubiera pasado por el lugar cinco minutos antes, o después, no hubiera ocurrido esa gran desgracia. Una “carga enorme de mala suerte” se suele dar en los accidentes y en otras cuestiones de la vida. Pero este mismo señor criticó la gestión de Renfe y Adif, y dijo que en la red ferroviaria española hay un problema y no se ha invertido bien el dinero. ¿Entonces? ¿Es sólo mala suerte? ¿Si te quedas dormido conduciendo, y te estrellas con tu automóvil, es mala suerte? ¿O es que no te deberías dormir? La vía de Adamuz podía estar en mejores condiciones.
La mala suerte influye. Eso se nota mucho en el fútbol. Cuando un delantero dispara y el balón da en un poste, a veces entra y a veces no. Cuando Gil Manzano u otro árbitro cegato ve una mano en el área, a veces pita penalti y a veces no. Y a veces el VAR lo corrige y a veces no. Indudablemente, influye la mala suerte. Como en las tarjetas, que unas veces las enseñan y otras no. Y, como dicen los entrenadores, los partidos se deciden por pequeños detalles.
De los pequeños detalles dependen las alegrías o las tristezas, como bien saben el Betis y el Sevilla en esta Liga. Pero no sólo. Es decir, como afirma la filosofía popular, “al perro flaco todo se le vuelven pulgas”. ¿Es sólo por mala suerte? ¿O es porque el perro flaco está guarro y al olor de la mierda llegaron las moscas, digo las pulgas? Para la mala suerte influye tener condiciones que no favorezcan la buena suerte.
Un ejemplo lo encontramos en Óscar Puente. Tiene mala suerte en su Ministerio. Además del accidente de Adamuz, le ha ocurrido lo del puente del Centenario de Sevilla, lo del AVE de Málaga, las borrascas que dejaron las carreteras andaluzas en peor estado del que ya estaban… ¡Un gafe de manual! Un hombre con mala suerte. Menos para seguir en el cargo, que para eso tiene buena suerte. Pues a otro ya lo habrían cesado fulminantemente, como ha pedido el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz. Por menos de la décima parte.
“La suerte de la fea la bonita la desea”, dice otro refrán muy machista. Así que la fea suerte del ministro Puente el de los puentes también tiene su parte bonita, que es el deseo de cobrar a fin de mes. Y ahí sigue el tío.
José Joaquín León
