LOS futbolistas acusados de agresiones sexuales y abusos no son curas ni frailes, por lo que reciben diferente trato. A nadie se le ocurre decir que en el fútbol abundan los casos de abusos sexuales (o de pederastia, que a veces se denuncia en categorías infantiles y juveniles), ni que los clubes de fútbol deben indemnizar a las víctimas de esos abusos. Ni se solicita a sus presidentes o entrenadores que pidan perdón, como si ellos tuvieran la culpa en lugar de los presuntos. Ni que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, se reúna con las víctimas, como León XIV. Pero, sin abundar en las comparaciones odiosas, se debe recordar que en el universo del fútbol también hay casos de abusos y agresiones sexuales. Y que no todas se difunden con la misma consideración.
Dos futbolistas con pasado en el Sevilla FC han estado en el ojo del huracán mediático por este motivo. Los dos no han sido tratados igual, aunque ambos casos guardaban un relativo parecido. En el caso de Daniel Alves pasó 14 meses en la cárcel. Había sido condenado a cuatro años y medio de prisión. Pero, tras recurrir, fue absuelto en marzo de 2025. El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña estimó que no había pruebas concluyentes contra él.
Menos presión y críticas ha tenido, hasta ahora, Rafa Mir. Su sentencia no es definitiva y la puede recurrir. Pero la Audiencia de Valencia le acaba de condenar a ocho años y medio de prisión por agresión sexual. Eso no le ha impedido disputar la temporada con el Elche, cedido por el Sevilla FC, e incluso mofarse de la afición sevillista en el estadio Sánchez Pizjuán, cuando marcó un gol que pudo ser decisivo para el descenso. Un detalle que no aporta nada al juicio sobre la presunta agresión sexual, pero que acredita el carácter poco diplomático del muchacho.
Es razonable pensar que el trato recibido por Alves y Mir no ha sido el mismo. No se sabe por qué, el ensañamiento contra el brasileño resultó mucho mayor. Lo mismo se puede decir de otros. Curioso es el caso de Achraf Hakimi, lateral del Paris Saint Germain, con el que ganó la Champions de 2026, y que ahora disputa el Mundial con Marruecos. También está acusado por una presunta violación en 2023 durante una juerga en París. A consecuencia de lo ocurrido, se divorció su esposa, la actriz Hiba Abouk. Todavía el caso está pendiente de la decisión judicial.
Ni todos los futbolistas son violadores, ni todos los violadores son futbolistas. Como los curas, los políticos o los profesores. Por supuesto, nadie lo debe encubrir, ni silenciar. Pero son responsabilidades individuales.
José Joaquín León
